lunes, 14 de abril de 2014

Ensayos


Todos aquellos que me conocen, saben que desde que me gradué como Licenciada en Letras, empecé a trabajar en publicidad como Redactora Creativa .

Los últimos cuatro años los he invertido en una divertida e interesante trayectoria en ARS DDB, donde tuve la oportunidad de formar parte en la 4ta promoción de La Cantera (click y sabrán de qué se trata el asunto). Aún no hemos terminado, pero las clases están divididas en cuatro módulos que culminan entregando un ensayo... Esta es la breve antesala a esos trabajos.

Todavía falta uno que no he empezado, pronto lo estaré publicando.

jueves, 27 de febrero de 2014

Carta sin destino a mi hermano militar

Es imposible hacerse la sorda y mucho menos la muda con todo lo que ha sucedido estos días en mi Venezuela.

La desinformación es una de las sensaciones más desesperantes. No saber qué es lo que está pasando, justo en el momento de los acontecimientos me pone ansiosa. Triste.

En aquella época dorada de Globovisión, iba Carla Angola en una moto, mostrándome la realidad, y los corresponsales del interior del país estaban frente a las cámaras esperando el pase, para decirme qué estaba ocurriendo en aquellos pedazos de esta tierra, que aunque lejos, también son míos.

Pero muy a pesar de la ausencia de medios que me mantengan informada, las redes sociales y los celulares inteligentes me han ayudado a entender mejor las cosas, aunque me toque batallar con fuentes falsas y noticias viejas.

Y gracias a todos esos valientes que andan de manifestación en manifestación, registrando los acontecimientos, es que he podido ver desde las escenas más desgarradoras, a las más conmovedoras.

Ya son incontables las fotos y los videos que he visto y no deja de sorprenderme lo que ha hecho la GNB con mis hermanos venezolanos. Yo sé que no es nada nuevo lo que estoy diciendo. Pero hace unos minutos, viendo Twitter y Youtube, me puse a pensar en la persona dentro del uniforme. Y es precisamente a esa persona, a la que van dirigidas estas palabras.

Hermano militar,

Te pido disculpas por verte como un invisible, por creer que no eres más que un par de botas y un FAL. Una persona sin rostro, sin nombre.

Tú también tienes familia. Una madre que seguro te hace una arepa, cada vez que vas a casa a visitarla. Tú también fuiste niño. Tú también te debes haber enamorado. A ti también te debe gustar ver las olas del mar. O ver a tu equipo de béisbol ganar un juego. Tú también tienes terminaciones nerviosas por todo el cuerpo y el umbral del dolor. Tú también debes tener un corazón que hace sístole y diástole. Tú también debes tener un corazón que siente alegría y dolor.

Y me gustaría pensar que cada vez que haces sufrir al pueblo que juraste proteger, sientes un dolor muy profundo detrás de ese silencio. Me gustaría pensar que estás obligado a hacerlo por razones que desconozco y que algún día tendrás la bondad de explicarme. Me gustaría saber en qué piensas cada vez que arrodillas a tu hermano venezolano, cada vez que lo haces sangrar y llorar. Me gustaría saber qué pasa por tu cabeza cuando sometes al hijo de una madre que con paciencia espera verlo entrar por la puerta sin un rasguño.

No te puedo pedir que te detengas, porque no vas a escucharme. No te puedo pedir que retrocedas, porque sé que avanzas sin rumbo, pero siempre hacia adelante.

No sé qué más decirte que no te hayan suplicado los estudiantes. Oye sus lágrimas.

Vuelve a ser hijo, hermano, ser humano. Vuelve a ser venezolano.

lunes, 10 de junio de 2013

Horror!!!

Se dañó mi contador del blog!!!!!

(Qué significará eso?)

miércoles, 29 de mayo de 2013

Día 1

Solo existe una forma de que me levante feliz a las 3:00 a.m. Para aquellas personas que me conocen de verdad no es un secreto mi defecto más feo y complicado: ODIO levantarme temprano en la mañana; y para eso hay un remedio, uno solo, el único. No se compra en farmacias sino en una agencia de viajes. Sí, lo acepto, solo soy capaz de levantarme feliz cuando hay un avión de por medio y sellos en el pasaporte. Es más, creo que hablar de “levantarme” es solo un eufemismo, para decir realmente que me acosté en el sofá de la sala a esperar a que sonara el despertador, agarrar mi maleta y subirme al taxi, rumbo al Aeropuerto Internacional de Maiquetía camino a New York.

Uno de los beneficios de salir tan temprano es sin duda que no hay nada de tráfico, la autopista está tan libre que da hasta miedito. Parece que el fin del mundo llegó y somos los únicos sobrevivientes. En fin, a las 4:30 a.m. ya estábamos en la cola de American Airlines para chequearnos y entrar, para “entretenernos en el duty free”. Primera y única decepción del viaje: la escasez es tan brutal en nuestro país, que hasta el duty free está desabastecido. Suerte para mí, no estaba interesada en comprar nada ahí, así que continuemos.

Nuestro vuelo era a las 10:15 a.m. (sí, ya sé que somos unas exageradas, pero para esperar en la casa viendo al techo, preferimos estar ya de frente a la pista de aterrizaje) así que optamos por las mejores opciones en casos como estos: dormir y comer. Y valió la pena, porque el tiempo pasó volando (hablando de aviones y aeropuertos, já) Luego de los golfeados Don Goyo, un paseíto ida y vuelta de aquí para allá y de allá para acá y de comprar un par de revistas que no leí por dormir de a raticos, abordamos el boeing que nos llevaría a la gran manzana.

El vuelo no estuvo bien, afortunadamente yo soy de las que piensa que si el avión se va a caer, pues que se caiga de una vez y ya. Y mucho menos cuando empezó Life of Pi. No quisiera caer en malas interpretaciones. Esa peli es hermosa. La vi en 3D y aluciné; pero seamos sinceros, no es el tipo de películas que uno quiere ver (spoiler alert) volando a no sé qué tantos pies del océano. Pero como yo soy, como soy, pues me puse a verla (por segunda vez) qué más.

La comida en el avión fue tan comida de avión, como puede ser cualquiera. Es como jugar a la cocinita con ollitas Fisher Price y un poco de tierra y grama, pero de verdad. Nada que me sorprendiera. Si quieren saber, fue pollo con arroz y ensalada. Sí, parece más la lonchera de la oficina, que cualquier otra cosa (pero de juguete)

Finalmente el capitán nos informa que estamos a punto de aterrizar. Me asomé por la venta para descubrir que la neblina no dejaba ver absolutamente nada, hasta que de la nada, el tren de aterrizaje golpeó la pista y pude ver junto a nosotros un avión de Virgin, estacionado justo al lado. “Estoy en New York” pensé y se me salieron las lágrimas.

Nos bajamos del avión, hicimos la inmensa cola de inmigración y cuando por fin fue nuestro turno, el funcionario (odio esa palabra) que nos estaba sellando el pasaporte se llevó a mi hermana para “el cuartico” ¡Horror! No sé si fue el porte de musulmana que tiene a veces, pero se la llevó con su carita de pánico inocente, sus verdes ojos manchados de lágrimas y sus ganas de salir corriendo a ver la Estatua de la Libertad. Algo la delató, la hizo sospechosa y todavía no puedo descifrar qué fue. Millones de pensamientos se cruzaron por mi cabeza mientras esperaba a que saliera, es sorprendente cómo el tiempo va borrando esas cosas, porque no puedo recordar ninguno en específico; lo que sí recuerdo era la sensación que me producía ver salir personas y que ninguna de esas era ella. Probablemente pasaron 10 minutos, que para mi fueron 10.000 horas, hasta que por fin la vi. Esta vez sí era ella, mostrándome sus dientes blancos, con una amplia sonrisa, diciéndome “ya pasó, vamos que el Empire State nos espera”.

Al salir del JFK nos golpeó una realidad que desconocíamos: hay ciertas temperaturas a las que personas del trópico (que aman el frío) no están acostumbradas. Primera conclusión “este suéter no es suficiente”. Nos subimos al taxi y el viaje realmente empezó.

Una de las mejores cosas de que el aeropuerto quede tan lejos de Manhattan, es que puedes ver la ciudad como la conoces: la típica foto de afiche, o el plano famoso de las películas. La única diferencia es que, desde el taxi todo es real, y con cada minuto, la ciudad se va haciendo más grande y más próxima. Qué deliciosa sensación esa, cuando se pueden tocar los sueños.

El taxi nos llevó hasta nuestro lugar de destino, un apartamentico lindísimo en la calle 34, con Madison. Subimos los dos pisos para conocerlo, dejamos las maletas y salimos corriendo a recorrer, sin rumbo alguno, lo que fuera apareciendo.

Habían cosas que ya sabíamos, como que estábamos muy cerca del Empire State, o como que estábamos a una cuadra de la 5ta Av., pero de todas formas nos impresionaba todo, lógicamente. Hasta que de repente nos dimos cuenta de que eran como las 8:00 p.m. y no habíamos comido nada (el pollo de plástico no cuenta), así que empezamos a buscar lo que encontráramos, y no apareció nada mejor que una pizzería muy famosa que queda a una calle bajando por el mismo Empire State, el cual nos agarró con la guardia baja, porque no estábamos esperando verlo tan pronto, con esa altura iluminada e imponente, y coronado por una neblina suave, que atenuaba la luz brillante de su puntiaguda cúspide.

Pizza y New York, son dos cosas que siempre irán bien juntas. Los slices como los de Sex & The City, en un lugar que estoy segura, aparece en uno (o varios) de los capítulos de la serie. No es el lugar más bello al que entré, pero creo que es mi favorito. Las pizzas son deliciosas, quedan en uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad y es visitado por egipcios sexys, que no tienen ningún tipo de delicadeza para pedirle matrimonio a una venezolana, recién bajada del avión. Sí, un egipcio hermoso de 26 años me ofreció matrimonio y yo, nerviosa e incrédula, no acepté. Qué novata.

De regreso a la casa, nos encontramos con el primer Starbucks, el cual fue muy conveniente, porque el frío ya estaba inundando hasta lo más profundo de nuestros huesos y de ahí, paramos en el 7 Eleven que quedaba en la esquina de la 34 con Madison, para comprar unas respectivas Stellas Artois. Había que celebrar la llegada triunfal de tres venezolanas, a Manhattan.

sábado, 25 de mayo de 2013

#treintaconveintidos

Con un par de vodkas en el coco y ya con 30 recién cumplidos hace casi dos horas, me atrevo a decir que no me arrepiento de nada, aunque sé que podría arrepentirme de mucho. Me atrevo a celebrar por los 30 vividos a pesar de tantas y tantas cosas. Y me atrevo a afirmar que esos 30, que a muchos le pesan, para mí siguen siendo 22... Hasta hoy sigo amando todas las películas, aunque la mayoría sean malas, sigo pintándome las uñas de azul, de verde y de amarillo, sigo poniendo MTV como el primer canal antes de hacer zapping, sigo despertándome alegre los viernes, porque llegó el día de salir (y no porque llegó el fin de semana) y sigo pensando que la palabra "descansar" es para los viejos... Y la palabra "viejo" no existe en mi diccionario.

Jamás pensé que hoy estaría contenta, pero sorprendentemente lo estoy.




Y es así como yo misma me doy la bienvenida a los 30.


sábado, 11 de mayo de 2013

Ya en Caracas


Han pasado varios días ya desde nuestro regreso de Nueva York. El vuelo salía desde el aeropuerto de La Guardia, y el taxi estaría esperando abajo del sencillo pero muy bien ubicado apartamento que alquilamos en la calle 34 con Madison, a las 7:00 a.m.

Esa mañana descubrí que mi sistema y mi reloj biológico estaban listos para quedarse, olvidando que no soy norteamericana y que mi visa es irremediablemente de turista, porque a pesar de haber puesto meticulosamente la alarma, que todos los días me había levantado para salir a pasear por las calles de Manhattan, esa mañana me había traicionado, obligándonos a regresar a Caracas sin bañarnos… Y qué mejor manera de ponernos en Venezuela mood, que volver con esa sensación de almohada que se tiene cuando ¡sorpresa! HIDROCAPITAL corta el agua sin avisar.

En fin, han pasado varios días ya, así como han pasado meses (quizás años) desde que no escribo nada para este blog.

Estando allá, creía que llegaría inmediatamente a escribir, pero no. La nostalgia y el estado de shock al volver a un país tan arruinado y tan distinto al que dejé (tomando en cuenta que estuve fuera solamente 12 días) me lo impidió, creo.

Pero hoy, la necesidad volvió (¡bravo!)… Era lógico. Después de ver, en un día, 17 películas, todas filmadas en Nueva York, las cuales obviamente ya había visto. Y Phantom of the Opera, la cual considero únicamente porque fue el play que vimos en Broadway, la cual está muy lejos de hacerle justicia y la cual estoy segura que veré miles de veces buscando, sin éxito, imaginarme que estoy a unos pocos metros de los actores del Majestic Theatre.

Este primer post de Nueva York, se lo voy a dedicar a mi amiga Rairú (quien vive en Australia) y quien fue la primera persona que me pidió que escribiera sobre Nueva York. Así que Rai, aquí está el primero, de lo que supongo serán varios episodios de mi paso por lo que se convirtió en uno de los amores más grandes de mi vida… Claro, obviamente me iba a enamorar.

Han pasado varios días ya, pero no te preocupes porque fui precavida: me llevé un cuadernito donde listé uno a uno los lugares que visité, la comida que pedí, las cositas que CADIVI me dejó comprar y todo lo que valiera la pena recordar (o sea todo) anticipando que las ganas de escribir aparecerían. Lo que significa que, habrán doce días con todas sus horas, para contarte.

Hace poco tuve una linda conversación con alguien que ha ido a Nueva York varias veces y me dijo algo que me gustó mucho. Me dijo: “hay un Nueva York para cada quien y mi Nueva York, no es el mismo que el tuyo” y estoy segura de que tiene razón. Es increíble que un lugar tenga tantas personalidades como personas en el mundo, pero es así.

No sé si a ti también te pasó cuando volviste a casa, pero he tenido que responder varias veces a esta pregunta “¿Qué fue lo que más te gustó?” y para no tener que responder con un genérico “todo”, digo cosas diferentes para no ser injusta con nada. A veces digo el Central Park, a veces el Met, a veces la calle 34, a veces el Village (repartiéndolo entre el East, el West y Greenwich), a veces Soho, a veces el Meat Packing District, Grand Central Station, Brooklyn, Times Square y así. Cuando la verdad es que es imposible decidir. Si Nueva York tiene trastornos de personalidad, parece que yo también.

En Nueva York descubrí un montón de cosas, como era de esperarse; pero sobretodo me hizo darme cuenta de que para mí es imposible escribir si no hay algo que me mueva a hacerlo. Y no estoy hablando de inspiración, ni de las burlonas musas en las que ya no creo. Estoy hablando de experiencias vividas, estoy hablando de algo que no sea una aburrida conversación de trabajo con colegas, ni de hombres con amigas, ni de la difícil situación del país de la cual es imposible escapar. Estoy hablando de vivir una vida que valga la pena contar (por lo menos para mí). Una vida con cuadras para caminar, con lugares para visitar. Lo que me lleva a concluir que para escribir tengo que pasear más, probar cosas nuevas y ahorrar para viajar el año que viene.

Rai hay muchas cosas que contar y lo haré a su debido tiempo. Gracias por hacerme prometer que escribiría, porque no me gusta faltar a mi palabra y gracias por creer que todavía puedo hacerlo, cuando la verdad es que a mí siempre me queda la duda.

martes, 18 de octubre de 2011

De vuelta a casa

Hoy, hace un año exactamente, hice lo que hace mucha gente. Agarré lo poquito que tenía, lo metí en una maleta, me fui y lo dejé todo aquí… tirado. Por eso es que las cosas salen mal. Se supone que uno se va con un plan y yo no hice ninguno, salí huyendo como una loca y ahora me toca volver, con las tablas en la cabeza.

La idea inicial siempre fue encontrar algo nuevo, algo diferente. El error estuvo, en que nunca supe qué. Busqué en todos lados y me pasó, como era de esperarse, lo que siempre pasa (no conseguí nada). Y la verdad es que no me fui queriendo, pero me fui igual porque pensé que así era mejor.

Hace tiempo ya, descubrí que los lugares no son espacios para ubicar en un mapa. Hay lugares que son personas, hay lugares que son recuerdos y hay lugares, como éste, en donde es necesario quedarse. Me costó horrores despedirme porque nunca lo hice, me daba miedo volver porque sentía que no sería lo mismo y me llené de vacío para tratar de olvidar que aquí estaba, que aquí siempre estuvo y que no me juzga, no me mira feo, no me odia. Aquí lo dejé… tirado y aún así, me esperó y no cambió ni un poquito.

Volví para quedarme. No me gustan las promesas, porque no me gusta no cumplirlas, pero igual te prometo pelear primero antes de abandonarte, voy a decirte todo así no nos guste (ni a ti, ni a mi), y prometo también, que no me voy a ir callada. Y no lo voy a hacer, porque este es mi lugar, mi sitio favorito en todo el mundo, porque me hace feliz a pesar de todos los silencios y porque es mío.

Volví a mi casa. Mi blog es mi casa.