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miércoles, 16 de abril de 2014

Tercer Ensayo (Módulo: Pensamiento Creativo)



La Creatividad: El País De Nunca Jamás

No tengo demasiados años trabajando en publicidad, pero si algo he aprendido en estos 7, casi 8 años, es que la creatividad no se enseña.

Cuando salí de la Universidad Católica Andrés Bello con mi título de Licenciada en Letras, me di cuenta de que no sabía hacer demasiado. Sabía leer de a dos libros al día, sabía todas las reglas de acentuación y sabía poner signos de puntuación con los ojos cerrados; pero no sabía cómo hacer de eso un oficio, una ocupación.

Mi llegada a la publicidad fue casi de suerte y no es materia para este ensayo, pero lo cierto es que no sabía nada. No sabía lo que era un brief, ni una mención, ni un rompetráfico. Mucho menos sabía lo que era una estrategia, ni un concepto. Pero poco a poco fui aprendiendo. Con buenos mentores y con buena disposición se puede aprender de todo, pero si hay algo que nadie puede enseñar es a ser creativo.

Hace tiempo leí por ahí que los creativos nos negamos a crecer y cualquier persona que no tenga el privilegio de trabajar en el negocio de las ideas, nunca entenderá de qué se trata eso. Y es que ser creativo y negarse a crecer no tiene que ver con ser irresponsables y despeinados. No tiene que ver con tatuajes, ni cigarros, ni botellas de Jack Daniel’s. Y aunque todo eso nos ha definido por muchísimos años, para nosotros no crecer significa ver el mundo con otros ojos. Ser sensibles ante las cosas. Dejarnos sorprender por el mundo. Porque todo eso que está ahí afuera nos funciona y tenemos que estar demasiado despiertos para verlo. Porque en un segundo puede pasar algo que nos detone el insight perfecto.

Ser creativo no es fácil y pensar creativamente representa un reto muy grande, porque es trabajar con algo tan intangible como la imaginación.

Y si es cierto que la creatividad no se puede enseñar, algo que sí entendí es que la imaginación se puede alimentar. ¡Aleluya! Para eso está el cine: el bueno, el malo, el taquillero, el independiente, el hollywoodense, el escandinavo. Para eso están los libros: los clásicos, los best sellers, los infantiles, los europeos, los latinoamericanos. La televisión: la de los realities, la de las series de drama y de comedia, la de las recetas, los documentales y la de las noticias (aunque hayan muchas que nos derrumben). Para eso están los museos: con artistas contemporáneos para los conceptuales y los artistas clásicos para los puristas. Para eso existe la música (mi eterna compañera): el rock, el bolero, el tango, la clásica, el pop, la electrónica. Para eso existe Internet: Facebook, Twitter, Pinterest, Google. Esa es mi enciclopedia de la creatividad, mi País Del Nunca Jamás. Ventanas que me muestran visiones distintas del mundo y gracias al momento histórico que me tocó vivir, ahí están, siempre disponibles, siempre generosas.

Ojalá la creatividad se pudiera aprender como una materia. Pero si no se puede, pues vayamos con los ojos abiertos a buscarla allá afuera con inocencia, con curiosidad, con humildad y con sensibilidad… Como Peter Pan.

martes, 15 de abril de 2014

Segundo Ensayo (Módulo: Relaciones Interpersonales)


John Donne sabe lo que dice

“… any man's death diminishes me,
because I am involved in mankind”
John Donne

Tanto el título como la cita hacen referencia al poeta inglés John Donne quien, en su poema No man is an island, explica bellamente lo importante que es la relación que tenemos con todo lo que nos rodea, en especial con las personas. “I am involved in mankind” (estoy involucrado en la humanidad) es una de las frases que más me ha conmovido de este poema, porque pone a un ser humano único, en medio de un grupo inmenso de personas… Así es el mundo, así es la familia, así es el trabajo.

Me refiero específicamente al trabajo, porque es el lugar donde pasamos la mayor parte del tiempo. Específicamente a nuestro trabajo, porque no para, no descansa nunca. Y específicamente a las personas involucradas en nuestro trabajo, porque cada uno, de una forma u otra, complementa lo que hacemos. Eso me ha llevado a entender que las relaciones interpersonales, o mejor dicho, las buenas relaciones interpersonales, hacen que el día a día sea más agradable, pero sobretodo he aprendido que es la mejor manera de negociar.

Claro que hay mucho de la personalidad de cada quien y de la disposición que tenga cada uno sobre este tema (y sobre muchos otros, que tengan que ver con el trabajo), pero al ver a mis compañeros como amigos, y al ser percibida igual por todos ellos, me ha permitido conseguir un espacio de negociación, en donde ambas partes, muchas veces, hemos llegado a sentir que esa confianza inquebrantable en lo personal, puede (y debe) ser aplicada también en el trabajo. Pero eso es solo de la puerta hacia adentro.

El tiempo me ha demostrado que la buena relación con los clientes también debería existir (más allá de lo obvio) porque todos, en distintas maneras y niveles, hemos sido y somos clientes de la panadería, del restaurante, de la tienda de ropa, de la costurera, de la aerolínea, del odontólogo; lo que en teoría nos debería permitir entender, en cierta medida, lo que significa invertir para obtener soluciones a cambio. Pero sobretodo, porque vender una idea es de las cosas más difíciles de hacer, entendiendo que con cada presentación, le estamos pidiendo a un grupo de personas que crean en algo nuevo, en algo en lo que creemos nosotros; y que además paguen por eso. Lo que me hace pensar que, cualquier actividad evangelizadora, necesita por detrás un poder de convencimiento, que jamás vendrá acompañado de malas relaciones, ni de malos intercambios.

Se puede decir, entonces, que las buenas relaciones interpersonales son una decisión que podemos tomar, o no, cada  uno de nosotros. Pero aceptando de antemano que teniéndolas, vamos a conseguir de una manera más fácil, más agradable, más bonita, lo que estamos buscando.


Sí, suena maquiavélico y tal vez lo sea. Suena a estrategia y definitivamente lo es… Pero hasta ahora me ha funcionado y he conseguido una gran cantidad de amigos que, además son también, compañeros de trabajo.

lunes, 14 de abril de 2014

Primer Ensayo (Módulo: Fuentes de Inspiración)


Yo maté a mi musa

O si algún día llega el fin del mundo, me gustaría que me sorprendiera escribiendo.

Muchas cosas se han dicho acerca de la inspiración. Suena a algo común, a algo conocido. Un concepto de dominio público. Pero la verdad es que la inspiración es en esencia, abstracta y por lo tanto, casi indefinible.

Muchas técnicas han usado los más ilustres escritores, artistas, músicos para inspirarse, pero jamás se han detenido a encontrarle significados a la palabra, porque la verdad es que no hace falta. La inspiración, se siente cuando se tiene. No es fácil alcanzarla y es escurridiza. Y aunque no podamos verla, sabemos que está ahí rondándonos, burlándose de nosotros, aprovechándose de todas las distracciones que, como diablitos, se van apoderando de nuestra concentración dejándonos, una vez más, sin nada.

La inspiración entonces, es una posición muy cómoda, es el sillón donde se sienta Homero Simpson a ver televisión durante horas y eso me ha hecho dejar de creer en ella.

Durante mucho tiempo confiaba plenamente en mi musa. Esa dama sutil, que (creía yo) venía a susurrarme al oído mejores entradas para publicar en mi blog, mejores ideas y por supuesto, el copy ganador. Hasta que un día dejé de escucharla y sentí que me había abandonado, dejándome huérfana de palabras.

Fue una época oscura, terrible, sola. Pero un día volvió y como en los viejos tiempos, me dijo todo lo necesario para sentirme como lo hacía cuando me acompañaba. Y justo cuando estábamos en el mejor momento, tuve una revelación tan esclarecedora, que en un segundo frenético la maté sin piedad. Sí, yo maté a mi musa. O a lo que ella representa para el común: una fuerza, que así como viene a darte lo mejor de ella y a sacar lo mejor de ti, se va dejándote siendo el mismo mortal que has sido siempre y eso no me gusta. No me gustan frases como “cuando llegue la musa” o “no estoy inspirado”.

Esta revelación me hizo darme cuenta de que la inspiración no es el momento en que explotan las mejores ideas, ni tampoco la energía que nos hace hacer mejor las cosas (sean cuales ellas sean). Con esta revelación me di cuenta de que la inspiración es el momento en que nos obligamos a trabajar. Es el momento en que acabamos con todas las distracciones y nos enfrentamos a los miedos. Es el momento de las frustraciones. Es ese precipicio infeliz, en el que no sale nada.

Y aunque haber dejado de creer en la inspiración desde ese punto de vista, es una postura oscura, la elijo, porque me deja tener el control. Si no escribí nada, si no se me ocurrió nada, fue porque no indagué lo suficiente en el mundo que está allá afuera; ni aquí, dentro de mi, en ese lugar donde está todo escondido.


Me declaro culpable de haber matado a mi musa y asumo la responsabilidad de los cargos que se presenten en mi contra. Así lo prefiero.

Ensayos


Todos aquellos que me conocen, saben que desde que me gradué como Licenciada en Letras, empecé a trabajar en publicidad como Redactora Creativa .

Los últimos cuatro años los he invertido en una divertida e interesante trayectoria en ARS DDB, donde tuve la oportunidad de formar parte en la 4ta promoción de La Cantera (click y sabrán de qué se trata el asunto). Aún no hemos terminado, pero las clases están divididas en cuatro módulos que culminan entregando un ensayo... Esta es la breve antesala a esos trabajos.

Todavía falta uno que no he empezado, pronto lo estaré publicando.

lunes, 10 de junio de 2013

Horror!!!

Se dañó mi contador del blog!!!!!

(Qué significará eso?)

sábado, 25 de mayo de 2013

#treintaconveintidos

Con un par de vodkas en el coco y ya con 30 recién cumplidos hace casi dos horas, me atrevo a decir que no me arrepiento de nada, aunque sé que podría arrepentirme de mucho. Me atrevo a celebrar por los 30 vividos a pesar de tantas y tantas cosas. Y me atrevo a afirmar que esos 30, que a muchos le pesan, para mí siguen siendo 22... Hasta hoy sigo amando todas las películas, aunque la mayoría sean malas, sigo pintándome las uñas de azul, de verde y de amarillo, sigo poniendo MTV como el primer canal antes de hacer zapping, sigo despertándome alegre los viernes, porque llegó el día de salir (y no porque llegó el fin de semana) y sigo pensando que la palabra "descansar" es para los viejos... Y la palabra "viejo" no existe en mi diccionario.

Jamás pensé que hoy estaría contenta, pero sorprendentemente lo estoy.




Y es así como yo misma me doy la bienvenida a los 30.


martes, 18 de octubre de 2011

De vuelta a casa

Hoy, hace un año exactamente, hice lo que hace mucha gente. Agarré lo poquito que tenía, lo metí en una maleta, me fui y lo dejé todo aquí… tirado. Por eso es que las cosas salen mal. Se supone que uno se va con un plan y yo no hice ninguno, salí huyendo como una loca y ahora me toca volver, con las tablas en la cabeza.

La idea inicial siempre fue encontrar algo nuevo, algo diferente. El error estuvo, en que nunca supe qué. Busqué en todos lados y me pasó, como era de esperarse, lo que siempre pasa (no conseguí nada). Y la verdad es que no me fui queriendo, pero me fui igual porque pensé que así era mejor.

Hace tiempo ya, descubrí que los lugares no son espacios para ubicar en un mapa. Hay lugares que son personas, hay lugares que son recuerdos y hay lugares, como éste, en donde es necesario quedarse. Me costó horrores despedirme porque nunca lo hice, me daba miedo volver porque sentía que no sería lo mismo y me llené de vacío para tratar de olvidar que aquí estaba, que aquí siempre estuvo y que no me juzga, no me mira feo, no me odia. Aquí lo dejé… tirado y aún así, me esperó y no cambió ni un poquito.

Volví para quedarme. No me gustan las promesas, porque no me gusta no cumplirlas, pero igual te prometo pelear primero antes de abandonarte, voy a decirte todo así no nos guste (ni a ti, ni a mi), y prometo también, que no me voy a ir callada. Y no lo voy a hacer, porque este es mi lugar, mi sitio favorito en todo el mundo, porque me hace feliz a pesar de todos los silencios y porque es mío.

Volví a mi casa. Mi blog es mi casa.

lunes, 18 de octubre de 2010

Intentando romper la maldición de mi Blog

Hace un par de días, semanas quizás, escuchaba hablar de la inspiración y me puse a pensar en ella. ¿Qué será lo que nos inspira?.

La pregunta suena sencilla, pero de verdad, ¿cuáles son las razones que nos llevan a hacer lindas cosas, cosas que nos llenen el tiempo de ocupaciones felices y de pequeños legados?. Hace unos meses podía enumerar un par de rituales infalibles, pero ya tengo desde julio que no escribo, así que supongo que la cosa no es tan constante.

Ya van varios días buscando algo de donde agarrarme para escribir lo que sea y aunque aquí estoy golpeando las teclas, me está costando un mundo encontrar las palabras justas.

La inspiración… ¿Una palabra o un nombre propio?... Un segundo lleno de tantas cosas, una buena canción en el momento indicado, un lugar… Tal vez millones y millones de cosas ya vistas o que me faltan por ver, por conocer.

¿Será eso? ¿será que debemos ser cultos, cultos, muy cultos para que la inspiración nos toque?, ¿será que no debemos buscarla, sino estudiar para ser encontrados algún día?, ¿será que debemos ser “Los Elegidos” como Luke Skywalker, como Harry Potter, como Frodo, para ser encontrados?, ¿será que las musas eran sólo para la antigüedad y a nosotros nos toca mendigar inspiración?, ¿será por eso que ya no hay arte como el de antes y por eso todo es más de lo mismo?... Para mí es como un círculo vicioso. Algo que empieza mal y que no termina… Me lleva siempre al mismo lugar (o a ninguno).

Ya no aguanto mis dedos mudos y me mente en negro (y no en blanco) ahuyentando a la inspiración. No soporto la falta de colores, de canciones, de un lugar cerca de aquí y lejos de todo. Ya nada me parece importante, nada me impresiona, nada es nuevo ni emocionante. Dejé de gozar barato. Antes lo hacía, escribía sobre eso y todo muy bien. Ahora no hay nada. Lo que tenía me lo gasté en tonterías y no ahorré.

Es un problema llevar un blog. ¡Es una locura!. Si existiera un documento como el divorcio para dejar el blog, me divorciaría, lo haría sin pensar y luego me tomaría unos cócteles en nombre de lo que pudo ser y no fue, pero no puedo, sé que está ahí, igual que ayer, igual que hace meses… En el abandono absoluto.

martes, 15 de junio de 2010

Las Letras me abandonaron

Hace unos meses salí de paseo con las Letras, organizamos un día entero juntas, así que teníamos que buscar diversiones varias para pasarla bomba.

En la mañana salimos a desayunar a un lindo lugar cerca de la casa por ahí por La Boyera. Como éramos muchas tuvimos que esperar por mesa y cuando nos sentamos todas pedimos café, jugos naturales y cosas ricas para comer. Mientras llegaba la orden, conversábamos de muchas cosas, discutíamos sobre temas interesantes, nos reíamos de nuestras tonterías de amigas locas y criticábamos a todos los mal vestidos (en verdad se lo merecían por mal vestidos). Como estuvimos ahí mucho rato entre chácharas, croissants y cigarros, se llegó el mediodía, así que pedimos la cuenta, pagamos y nos fuimos.

En el carro íbamos todas apretadas, pero cantábamos canciones para disminuir un poco la roncha. Lily Allen, sin duda, fue una de las favoritas.

El siguiente destino fue el Tolón, para hacer algunas compras. La primera parada obligada fue ZARA. Obviamente nos probamos todo y terminamos comprando una camisetica blanca para sentir la satisfacción de salir aunque sea con una bolsita. Luego pasamos por las librerías a ver qué se nos pegaba, pero al ver los precios ellas me hicieron recordar todos los libros que tenemos en la biblioteca, que todavía no hemos leído, así que seguimos nuestro camino.

El Centro Comercial estba como full, así que salimos, atravesamos la Av. Ppal. de las Mercedes y nos sentamos en la Plaza Alfredo Sadel a ver a la gente pasar y a comer raspa'os de colita. Estando ahí, lo observábamos todo con atención tratando de capturar un buen momento. Hubo un par que casi valieron la pena. Se acercaba la hora de irnos, así que buscamos el carro y nos fuimos al lugar donde somos realmente felices: El Municipio Chacao.

Dejamos el carro en el Centro Plaza y comenzó la excursión. Primero la Francisco de Miranda, luego Altamira, La Castellana y Los Palos Grandes. Luego fuimos a almorzar en un restaurancito italiano muy rico; no recuerdo el nombre, pero la entrada tiene un toldo amarillo y una puerta de madera. Al salir de allí atravesamos toda la Plaza Francia y entramos un ratico en La Estancia, para no perder la costumbre. Nos quitamos los zapatos y nos acostamos en la grama. Por un rato jugamos a encontrarle formas a las nubes; yo vi un rinoceronte con patas mecánicas, volando sobre un dirigible. Cuando el sol se empezó a esconder, decidimos irnos. Ya en el carro, todas buscamos la manera de maquillarnos y de ponernos bellísimas a pesar del apretujamiento, para ir en busca de unos merecidos cocteles, así que nos encaminamos rumbo a La Beat (como siempre) a tomar Margaritas.

Como era temprano, pudimos agarrar todas las mesas de la terraza, menos mal. Brindábamos enloquecidas, hacíamos recuentos de la jornada y de lo bien que la habíamos pasado. Ellas se burlaban de mí, decían que estaba prendida sólo porque me quedaba callada a veces y luego me reía sin razón. "Soy feliz cuando estoy con ustedes" les dije y todas me abrazaron. Luego de unas cuantas Margaritas, nos fuimos a la casa, nos lavamos la cara, nos cepillamos los dientes, nos pusimos la pijama y nos acostamos a dormir. A la mañana siguiente me despertó un antipático rayito de sol que se colaba por la cortina. Me levanté contenta y con ganas de pasear otra vez. Me bañé, me vestí y salí corriendo para invitarlas, pero ya no estaban "quizás fueron a comprar el desayuno" pensé, las esperé... y esperé... y esperé... Nada. Todo estaba en silencio. Todo estaba vacío.

Yo no podía evitar sentir miedo y a la vez un poquitico de esperanza de que en cualquier momento volverían con pan, queso, jugo de naranja para el desayuno y un lindo plan sorpresa para ese día. Nada. Realmente se habían ido. No les importó lo bien que la pasamos, lo mucho que nos divertimos y el cariño que siempre les tuve. Se fueron y me dejaron sin nada. Sin letras me quedé muda, sin nada qué decir... Sólo páginas en blanco, tristes y calladas.

viernes, 21 de mayo de 2010

Amor amarillo... y de todos los colores

Escuchando "A merced"...

Hoy me topé con el post de un blog que me rompió el corazón en mil pedazos y creo que ustedes deben leerlo también antes de continuar... Gustavo y los nuestros

Me trajo recuerdos, me trajo nostalgia y me dejó con un sabor agridulce en los labios.

José Urriola, el autor de la entrada, me hizo recordar mi primer walkman, ese que era rojo y que tenía más volumen que el de mi hermana, ese que hizo cantar a Cerati junto a Soda en los inocentes oídos de una niña de 7 añitos. Recordé el LP de Canción Animal en el piso, junto a una lata de Pirulin un miércoles por la tarde en compañía de Fer y de mi número 1. Recordé mi uniforme del colegio y el patio del recreo. Me recordé caminando por la cancha Multiusos (así se llamaba) viendo como todas las niñitas saltaban a la cuerda, jugaban al avioncito o a chicle+chicle. Todo eran tan trivial, tan efímero, pero en compañía de "Sueles dejarme solo" o "Un millón de años luz" era casi poético. Era un episodio decadente, en el que yo era la protagonista sin siquiera darme cuenta.

Recordé todos los primeros de enero en Mérida ¿cómo no recibir el año escuchándolo(s)? y todas esas madrugadas en las que yo era Cerati y esos tonos bajos imposibles de lograr, que terminaban en interminables ataques de risa (no pude jamás cantar como él). Recordé mi primer ejercicio en las clases de teatro, en la que debíamos escoger un texto y yo elegí "Bocanada" para la audición (y me aceptaron).

También recordé, como dice José, todos los chicos que demostraron cualquier tipo de interés por mí, después de haber intercambiado gustos musicales y llegar al tema de Soda y de Cerati. Así como una frase que alguien me dijo una vez y que me marcó para siempre "si existe una persona a la que no le guste Soda, seguramente será alguien en quien no puedas confiar". Recordé a mi Pequeña, esa que disfrutó el concierto "Me verás volver" tanto como yo (y conmigo), porque para el de la separación 10 años antes, nadie quiso llevar a un par de enanas al Poliedro.

Recordé mi "Colores Santos" original, que emoción fue recibir ese disco. Me lo regaló un chico que me gustaba y eso le daba más valor. Lo mandó a traer de Buenos Aires, fue un excelente regalo. Tiempo después me lo robaron y el chico desapareció... Al cabo de unos años volvieron a regalármelo, esa vez tuvo muchísimo más valor.

Recordé mi viaje a Buenos Aires (qué bien la pasamos), no sólo porque sentía que iba a ver a Cerati en cualquier esquina (y en cierto modo así fue), sino porque pude recorrer la gran Av. Alcorta, la que deja una cicatriz sin haber lastimado.

Recordé ese concierto en el Teresa Carreño, luego del examen de admisión en la UCV. Yo estaba en primera fila para el Bocanada Tour, esa entrada fue un regalo de cumpleaños y fue increíble. Mientras que esperábamos a que empezara, saqué un lápiz y un papelito en el que escribí lo siguiente: "Gustavo: he crecido contigo y me has enseñado muchas cosas. Eres mi maestro y el de muchos", me lo guardé en el bolsillo del pantalón y esperé el momento perfecto. Cerati se acercó y se lo di, él se dirigió hacia el micrófono y dijo: "me acaba de 'shegar' un fax"... Casi me muero... Lo leyó en silencio y me hizo una seña con el pulgar mientras me picaba el ojo. Sólo tenía 17... Ya pasaron 10 años más y recuerdo ese momento como si hubiera sido ayer.

Recordé todas aquellas madrugadas interminablemente divertidas de Diseño Gráfico, esa carrera que no estudié, pero como que si lo hubiera hecho, en compañía de su música. ¿Te acuerdas Fer?... Demasiada fiebre con Amor Amarillo.

Recordé aquellas noches de libros, cigarros y café... Era sorprendente ver la diferencia entre La Divina Comedia sin él y La Divina Comedia acompañada de él... Rara la combinación, pero funcionaba. Años hippies aquellos, de inciensos y adolescencia llegando a su fin.

Son tantos recuerdos en los que siempre estuvo él. Sus letras, que se reinventan solas, conforme pasan los años. Sus solos de guitarra indescifrables y perfectos. Su linda nariz. Su historia. La mía. La nuestra... La que construimos por separado y esa que nos une.

Me despertaste al mundo... Me enseñaste el amor en todos sus tonos, desde el amarillo más brillante hasta el negro más oscuro, y todavía sigo descubriéndole (o descubriéndote) matices.

Levántate... La vida sin tus colores ya no sería la misma.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Creo que vi a Lucy

Después de tanto tiempo sin escribir y de tratar por todos los medios de hacerlo sin ningún tipo de éxito, llegó el día más esperado del año: 15 de mayo de 2010.


Si Lucy es un personaje, un ser con diamantes en el cielo y ojos como caleidoscopios…

Si es una musa de esas que constantemente desafía la gravedad y desaparece sin que nadie pueda detenerla… creo que la vi el sábado pasado.


El lugar se prestaba para la ocasión. Una montaña muy muy alta, muy muy verde, muy muy fría. Una neblina densa y blanca y mariposas por todos lados. La noche estaba oscura y a ratos llovía… a veces mucho, otras no tanto. Las luces hacían líneas en el aire, dibujando brillos en las nubes. Se respiraba un aire limpio y el espacio era muy amplio.


Mis sentidos estaban atentos. Mis oídos expectantes, mis ojos atentos y un poco ciegos de no ver nada. Sólo esperar con paciencia y de la nada ahí estaba el sonido de sus seis cuerdas… impecables.


Todo era tan perfecto que me daba angustia recordar que no puedo formar parte de algo tan puro y que aunque trate de comprender por todos los medios, casi sufriendo de ignorancia, nunca voy a entender el pentagrama. Admirable y dulcemente doloroso. Como siempre me han gustado las cosas. Yo estaba feliz y sin embargo lloraba.

Explosiones de luciérnagas, destellos por todos lados y una chispa me encendió. Yo estaba sostenida en el segundo perfecto y justo ahí, sin moverme, recibía sin remedio todas las imágenes que venían a mi mente.


Al día siguiente me desperté queriendo recordarlo todo, de poner sobre un papel cómo es que había visto a Lucy y cómo ella me había mostrado el camino hacia la luz, pero me quede en stand-by. Cuando quise incorporarme, ya todo se había ido.


Me parece que vi a Lucy. Todavía no sé si fue una ilusión.

jueves, 13 de mayo de 2010

Me pone triste...

Tener tanto tiempo sin escribir.

miércoles, 14 de abril de 2010

El Oficio de Escribir

Porque escribir de escribir nunca es fácil…

Después de haber leído tanto, aunque no tanto como yo quisiera, después de haber elegido una carrera como Letras y después de haber encontrado entre mi ropa una serie de cuadernos llenos de buenos y malos textos (en su mayoría malos), era más que obvio para mí que escribir es el oficio, el ejercicio y el hobby que mejor me queda.

Los intentos por escribir algo realmente bueno casi siempre han sido fallidos, por la inconformidad que siento al haber terminado algo y llegar a conclusiones y juicios duros, pero que inevitablemente hay que hacer: “esto no quedó como yo pensaba”, “nadie nunca debería leer esto”, “aquí no debí poner que el gato era verde sino azul o ¿será que el gato debió haber sido una jirafa y nunca un gato?”. Las posibilidades de la escritura son infinitas y los juicios también (sobretodo los propios), sin embargo, es algo que me encanta hacer; el producto terminado es gratificante porque por fin quedó, pero para mí lo lindo es todo el proceso, justo como está ocurriendo ahora.

Es realmente delicioso tener ideas todo el tiempo. Sería mucho mejor si tuviera un lápiz en la mano derecha, en vez de un dedo índice y una hoja en blanco, en vez de una memoria traicionera.

Las ideas, traicioneras también, suenan muy bien en el silencio del momento en que se despiertan, pero la batalla para ponerlas en el papel siempre ha sido a muerte y casi siempre muero yo. No quisiera caer en lugares comunes y mucho menos provocar lástima (ni la del lector, ni la mía), sólo creo que toda manifestación de algo, siempre luchará por ser perfecta y sus creadores así lo perciben. La exigencia forma parte del desafío y siempre será la parte más difícil.

Dedicarme a esto y obligarme a hacerlo por mi cuenta todos los días, siempre será una angustia necesaria, deseada y por supuesto deseable. Andar corriendo detrás de las musas para poder atrapar alguna es agotador, mucho más aún si ellas (muy burlonas) no se dejan atrapar con facilidad y es por eso que, para dejar el juego, debo ser más dedicada y menos cómoda, debo convencerlas de venir (nunca por la fuerza) a sentarse y conversar un rato.

El oficio de escribir es fascinante y cuando trata bien a quien lo practica es fluido como el agua, es como una palabra infinita escrita con letra corrida. El mundo, la gente y las cosas estarán ahí hasta el fin de los tiempos para ser descritas, admiradas, rescatadas del olvido; siempre habrá tinta y espacios vacíos en los que se pueden derramar recuerdos, ficciones, sueños (hasta lo más oscuros) y si están ahí, mi deber como aprendiz es usar y abusar de ellos.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Benito

Benito deambulaba suavemente por las notas de alguna canción, añoraba un delicioso café negro que ahora no se toma, esperaba de pie en alguna esquina.

Benito sonreía en silencio para que nadie lo viera, mientras caminaba por calles imaginarias de una ciudad. Tal vez era un parque o una plaza. Nunca lo dirá.

Benito estaba aislado en un rincón y pensaba. Todos eran invisibles para él. Y entre una nube de humo miraba de reojo.

Benito quería hablar con alguien y en su soledad soñaba con hacerlo. Se planteaba temas y problemas irrelevantes para tener algo que decir en sus silencios incómodos.

Benito corría y aún así, no se movía. La quietud de su lugar era inquebrantable. Una quietud que lo separaba del mundo. Su quietud era su mundo.

Benito pasaba el tiempo viendo el reloj y el reloj se burlaba de su impaciencia. Era muy corto tiempo y los minutos pasaban muy rápido. Pensaba en lo injustos que eran con él, el segundero y el minutero.

Benito se sentaba y meditaba. Benito se levantaba y cantaba. Benito se ensuciaba y se lavaba las manos. Benito estaba indeciso.

Benito pasó momentos oscuros en su espacio mudo y por fin habló.

martes, 3 de noviembre de 2009

Palabras poderosas… Palabras

Miles de millones de palabras son usadas diariamente alrededor del mundo. Imagínense cuántas palabras se deben estar pronunciando ahoritica y en todos los idiomas.

En este momento se deben estar cerrando negocios importantes, se deben estar sacando madres a montón, algunos deben estar prometiéndose amor eterno y otros deben estar echándose un buen chisme. Saludos, insultos, respetos, nombres, honores, oraciones, secretos, confesiones. Todo, absolutamente todo, a través de la palabra (oral, escrita o por señas).

Anoche me tropecé con muchas. Sí, muchas palabras escritas. Abrí una gaveta y ahí estaban, guardaditas en un sobre.

Es muy raro leer cartas viejas, porque te enfrentas con un medio que está por desaparecer, y es por esa misma razón que parecieran adquirir más poder. Hoy en día, podemos escribir un correo electrónico de cualquier cosa, dirigido a cualquier persona y a cualquier hora, pero una carta es diferente. En mi caso (no sé el de ustedes) si tomo un lápiz y un papel, es porque lo que estoy a punto de escribir es tan importante como la persona a quien va dirigida. Para mí es un acto muy solemne.

Decía que leer cartas viejas es raro, también porque cada palabra revela secretos que significaban mucho y ahora no significan nada, pero que quedaron sobre el papel… como una marca.

Un texto es como una escultura. Al poner opiniones, decisiones, sentimientos, confesiones o reclamos en una hoja, cósmicamente quedan ahí para siempre. Es como en el trabajo “si no lo pasaste por escrito, es como que si no me lo hubieras dicho” y es verdad. Cuántas conversaciones feas o bonitas se van olvidando, pero todo aquello que está escrito es como una herida siempre abierta. Es una tentación guardada en los confines de la memoria y de algún escritorio, siempre latiendo, siempre a la espera. Son montones de recuerdos, que cada cierto tiempo vuelven a explotar.

Tenía tiempo sin leer cartas viejas; la última vez que lo hice juré que sería la última vez que lo haría. Y anoche lo volví a jurar.

jueves, 8 de octubre de 2009

Una sabia decisión

Una persona (hombre o mujer) hoy se levantó con ganas de nada. Abrió los ojos temprano en la mañana y descubrió que era mejor terminar con todo.

Tomar una determinación de este tipo, por supuesto, no fue nada fácil.

Podía ser de cualquier forma: rápida, poética, dramática, tétrica o vertiginosa. Supongo yo que el cómo debe ser importante.

¿Dejaría alguna nota?. Nunca se sabrá a quién iba dirigida, ni qué decía, tampoco se sabrá si de verdad la escribió. Y si lo hubiera hecho, me gustaría pensar que fue una despedida sencilla, sin venganzas, sin reclamos.

¿Qué se habrá puesto? ¿Por qué justamente hoy?. Ya no vale la pena preguntar nada, aunque hay ciertas cosas que son fáciles de responder. Todos nos hicimos las mismas interrogantes y, en silencio, nos respondimos. Pudo haber escogido cualquier otra hora, pero eligió las seis de la tarde. Pudo haber escogido una soga, un revólver, una hojilla o el balcón de un edificio, pero fue más inteligente. Si quería terminar con todo, la mejor manera, sin duda, era ésta. Sí, recordándonos a todos que estaba solo(a), desesperado(a).

El maquinista del metro debe estar todavía en shock. Él lo vio todo. Él también se levantó temprano y jamás se imaginó que, al salir de su casa, varias horas más tarde, sería EL testigo (y en primera fila).

¿Será verdad que cuando esto sucede, al señor testigo le dan un año sabático para recuperarse del trauma? ¿Será que de verdad le pagan un psiquiatra? ¿Será que sí se recupera?.

Hoy alguien se levantó temprano y de malas. Decidió acabar con todo y lo logró.

¿Será recordado?. Tal vez. Como uno más. Y pasará a la historia como aquel o aquella que se volvió nada y desató el caos.

Sí, definitivamente fue una sabia decisión.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Cinco palitos y un circulito

(sin doble sentido)

Estaba viendo a una niña chiquitica (no de contextura, sino de edad, unos 4 años a lo sumo) sentada en un piso blanco muy blanco. En mi imagen la niña está rodeada de creyones, de pinturas, de pinceles y tiene en frente una gran hoja de papel bond. Ella la contempla silenciosa, y silenciosa toma un pincel de color rojo, lo introduce en el tarrito de pintura verde, luego lo coloca lentamente sobre la superficie y comienza a pintar. Hace líneas curvas muy fluidas, líneas rectas muy perfectas. La precisión de su trazo es impecable. Mis ojos siguen los movimientos de su manito y a ratos me distraigo viendo los hoyitos que tiene en los nudillos. No alcanzo a verle el rostro, pero reconozco las expresiones de su cara… Tiene los ojos grandes como yo… Tiene el pelo castaño oscuro como yo… Es cachetona como yo… Y tiene una boquita pequeñita, como la que tengo yo… Son las seis y un minuto y en la ciudad capital amanece con un sol radiante… Abro los ojos, me siento en la cama, pongo los pies en el piso frío y me quedo pensando un ratico en la niñita. Se parecía mucho a mí, pero esa no era yo. No sé, siento un vacío extraño… Al fin y al cabo yo sólo sé dibujar un muñeco que tiene cinco palitos y un circulito.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Café frío

En algún lugar, probablemente cerca, sobre una mesa de algún sitio chic o no tan chic descansa un pequeña taza (de porcelana, de peltre, blanca, azul, marrón), una taza que se está cansando de esperar. Pobrecita está impaciente. Ve a la gente pasar, ve muchas otras tazas ir y venir, ve los días y las noches. Se olvidaron de la taza.
El tipo de café no importa (con leche, marrón oscuro, marrón claro, guayoyo, largo, recortao, negro bien cargao), lo que importa es que en algún lugar, probablemente cerca, sobre una mesa de algún sitio chic o no tan chic se está muriendo una taza.

“Vamos a tomarnos un café” ¿qué se supone que significa eso?, ¿será que tú y yo algún día iremos a tomarnos un sólo café?, entonces diríamos “señor, nos trae un café para compartir, por favor”. UN café. Bueno está bien pues, tú y yo nos tomaremos UN café (uno sólo), pero ¿cuándo?. Ajá. Sólo silencio.

El café llegó a la mesa. La taza ahorita está en la mesa. No importa la mesa, lo que importa es que en algún lugar probablemente cerca, sobre una mesa de algún sitio chic o no tan chic descansa sin ningún sentido un café… Un café frío.

martes, 7 de julio de 2009

Este es un dibujo

Este es un dibujo. Un dibujo de tus formas. Un dibujo. Una delgada línea vertical. Muy delgada, muy vertical y de un tono tostado. Ahora otra línea, la misma línea; paralela. Un rostro desconocido, una forma casi perfecta, casi irrepresentable. Un rostro sombreado y un golpe de luz en los ojos. La copa de un árbol sobre tus hombros: una rama, otra rama, otra y otra.
Este es un dibujo. Un dibujo que tiene dibujos. Retratos de ti, recuerdos de ti.
Este es un dibujo hecho a trazos con tus retazos: pedacitos todos verdes.
Este es un dibujo con lo poco que sé (de dibujo y de ti), pero es un dibujo, hecho con pocos colores.
Este es un dibujo a ciegas pero a tientas. Este es un dibujo tenue, este es un dibujo hecho con agua, con aire, con tierra y con fuego. Este es un dibujo con carga positiva y negativa. Este es mi dibujo, donde apareces tú: dos líneas que se unen, dos líneas que se separan; líneas que te sostienen. Este es un dibujo sordo, un dibujo sin técnica, sin tácticas; un dibujo mudo.

Este es tu dibujo. Este es un dibujo.

lunes, 29 de junio de 2009

Serie "Intangibles"

Amarillo
En la palma de tu mano, se siente el calor del primer rayo de sol. Es amarillo. Como la miel, como el ámbar, como millones de girasoles. Amarillo, uno de los maravillosos colores del arco-iris. Sabes cuál es, sabes cómo se ve, cómo se siente y, a veces, hasta a qué sabe… y aún así, no lo puedes tocar.

Verde
Si miras a través de tu ventana lo verás en cualquier parte. Una hoja que se desprende suavemente de un árbol, un pequeño parque por el que correrá algún niño, una cinta sujetando el cabello de una silenciosa mujer. Una cinta, un parque, una hoja… verde. De color verde, como toda la naturaleza; tan profundo, tan infinito… y aún así, no lo puedes tocar.

El viento
Aún con los ojos abiertos, nunca lo podrás ver. Aunque separe cada hebra de tu cabello, aunque te acaricie suavemente la espalda, aunque desordene los papeles de tu escritorio. El viento. Sabes que está ahí, lo sientes… y aún así, no lo puedes tocar.

El tiempo
Tic, tac… Tic, tac. Las agujas del reloj te dirán la hora; el Cucú de la sala saldrá por la puertita y cantará varias veces. Harás una pausa durante el día y las agujas seguirán girando. Harás uso de tu memoria y recordarás el sabor de aquella golosina que compartiste con alguien en el recreo; el Cucú volverá a cantar y pensarás en los hijos que algún día tendrás y en los lugares que visitarás. Y el tiempo seguirá corriendo. Incansable, imparable tiempo. Avanza, se mueve como tú y como yo… y aún así, no lo puedes tocar.

Las nubes
Como el dulce sabor del algodón de azúcar, como la suavidad de aquel copo con el que te curaron las heridas, así se ven las nubes en el cielo. A veces blancas y de diferentes formas, a veces anaranjadas y como pinceladas de un cuadro al óleo, a veces grises anunciando lluvia. Las nubes hablan, las nubes dicen. Las ves desde aquí abajo y estás seguro de que existen… y aún así, no las puedes tocar.