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martes, 22 de septiembre de 2009

Es mi obsesión

Hay un momento del día (no me pasa siempre) en el que siento la urgencia de escribir lo que sea, por eso tengo en mi compu un playlist que denominé “Para escribir” y que pongo en shuffle, porque es imposible tratar de darle coherencia a un par de palabras si no estoy escuchando algo (ahora suena: Fearless de Pink Floyd).

Volviendo a la urgencia de escribir, me puse mis audífonos, mis lentes y me desconecté del mundo para empezar a pensar exactamente a qué le iba a dedicar estas letras y me encontré de nuevo con Buenos Aires. Y digo “me encontré”, porque cuando voy a escribir, por lo general, ya tengo una idea; pero hay momentos como éste, en los que siento que debo escribir algo aunque no sepa específicamente qué (ahora suena: Maybe de Janis Joplin).

Hoy Buenos Aires es más perfecta que de costumbre.
Hoy está más lejos de lo que debería.
Hoy es la ciudad dueña de mis nostalgias.
Hoy es uno de esos días en los que quisiera, desesperadamente, estar ahí.
Hoy se vienen a mi memoria los recuerdos de la ciudad y del pasado. Aquellos días en los que tenía personas en mi vida que no se habían ido y que encontraría aquí cuando volviera. Y aunque no ha pasado mucho tiempo, siento que recuerdo a veces todo con detalle y a veces sólo son vacíos (ahora suena: Green is the colour de Pink Floyd).

La Ciudad del Sur. Creo que mi necesidad de escribir acerca de mi Ciudad del Sur últimamente debe ser por eso, porque busco recuperar recuerdos que me han ido abandonando con el afán de guardármelos todos y pensar en ellos cuando me haga falta viajar. Como hoy (ahora suena: In my life de The Beatles)

Hoy quiero montarme en un avión, esperar cuatro horas en el aeropuerto de Sao Paulo, llegar a Buenos Aires con las mismas expectativas de lo desconocido, montarme en un taxi rumbo a la calle Florida, dejar las maletas en el hotel y salir a caminar de noche por las frías calles de la ciudad (ahora suena: At last, Forever de Jethro Tull).

Buenos Aires me hace falta. Reconozco que particularmente hoy me hace mucha falta (ahora suena: Paper bag de Fiona Apple).

jueves, 17 de septiembre de 2009

Es como un Paraíso

Yo que soy venezolana, caraqueña específicamente, siempre he notado un fenómeno que ocurre en la ciudad y que llama poderosamente mi atención: Caracas está full de mujeres.

Vas caminando por un centro comercial y lo que ves, son grupitos de mujeres de diferentes edades corriendo detrás de algún par de zapatos o comiendo en la feria (ensalada porque la dieta y eso). Vas al gimnasio y te encuentras con el mismo grupo multitudinario de chicas que suspiran por el profe de baile (yes, we love you and you know it). Vas a un local a tomarte unos cosmopolitans con tu mejor amigA, para echarnos los cuentos y lo que hay allá son grupos de mujeres echándose cuentos. Y si vas a una de esas taguaras a las que a mi me gusta ir en jeans y camiseta para ver alguna banda cool de rock, ahí están: cientos de mujeres detrás de los pobres 4 tipos que se presentan esa noche.

Caracas es una ciudad de jevas.

Chicas no me malinterpreten, yo soy una feliz accionista de este caos y me encanta. Ustedes saben que lo que digo es verdad.

Pero en la ciudad del Sur pasa totalmente lo contrario. Obviamente estoy hablando de mi adorado Buenos Aires. Sí, allí por cada mujer hay como 7 hombres (estadística sacada por mí, que no sé nada de estadísticas, así que de repente son 6, de repente son 8) de los cuales, los 7 (o 6, u 8) son ESPECTACULARES. Es increíble. Los encorbatados, los deportistas, los malbañados, los policías, los maduritos, los jovencitos… TODOS, absolutamente TODOS son BELLÍSIMOS, y lo más importante: hay MILES. ¡Qué maravilla!.
Yo que pasé como 10 días allá, me parecieron pocos pero suficientes para darme cuenta, no sólo de eso, sino de que además los bichos son entradores, conversadores y lanzados… Y deben tener un sensor para las extranjeras; esas turistas exploradoras despreocupadas que van en busca de diversión, porque lo primero que dicen es: Hola ¿cómo te shamás?, ¿de dónde sos?. Evidentemente el acento es el ingrediente secreto. Una vez respondidas las dos primeras preguntas con la sonrisa encantadora y la mirada pícara, viene la tercera (y sin anestesia)… ¿Dónde hospedás? (ajá) y la cuarta es la mejor… ¿venís a mi casa?... Ufff lo máximo. Son hermosos y van al grano. Nada de galanterías baratas, ni poetas de servilleta. Para ellos es muy fácil… Eres venezolana, vas a estar aquí por pocos días y yo, honestamente, no necesito demasiada conversación. ¿No ves lo buenísimo que estoy?.

La sinceridad es como una cachetada, pero si es así, yo las invito a poner la otra mejilla.

viernes, 4 de septiembre de 2009

“Déjà Vu”

Sin música, la vida sería un errorFriedrich Nietzsche

Escuchando el nuevo disco de Cerati empecé a experimentar un trance bastante dulce. Ya Caracas no era como suele ser todos los días. El ruido era prácticamente sordo, la gente era totalmente invisible y el aire tenía un toque a madera, a vino, a tango. Por segunda vez estaba en Buenos Aires.

Recordaba las calles llenas de pequeños pasos de los más grandes: Cortázar, Piazzola, Alberti, Mallmann, Batistuta. También venía a mi memoria el brillo del sol reflejándose en el rostro del San Martín de la Plaza. El clima frío y fresco y un sol tibio. ¡Perfecto!.

Los hambrientos peces Koi naranja del Jardín Japonés. Las flores de la calle FLORIDA. Las milhojas del Café Tortoni. La respetable pareja de viejitos demostrando cómo es que se baila la milonga. La pizza de San Telmo, el vino de San Telmo, el olor de los libros viejos del mercadito de San Telmo.

Sí, una ciudad donde todos los Aires son Buenos. Todos los vinos son Buenos. Todos los argentinos están Buenos. Todos los taxistas son Buenos. Los centros comerciales son Buenos. Todos los alfajores son Buenos. Todos los locales, los bares, los tugurios son Buenos. Todos los argentinos ESTÁN Buenos (en serio) y cuando a ellos les gusta mucho algo, siempre dicen “está Bueno”. Divertidísimos.

El verde de la grama y de los árboles es el más verde de los verdes. Buenos Aires es verde en otoño y el otoño es la estación en la que me gusta bajarme (¿y quedarme?). Creo que Gustavo tiene razón, es una Fuerza Natural y no debe tener otra explicación.

Buenos Aires tiene algo. Algo de belleza, algo de sinceridad, algo de Europa y algo de América Latina, algo de picardía, algo (mucho) de cultura. Tiene la Av. Alcorta (cicatriz), la Bombonera, un antiguo “Subte”, nombres como Martina o Betina, el mejor tour en bicicleta, papas de todas las clases, una flor plateada y gigante, una avenida de muchísimos canales y un restaurante que se llama Siga la Vaca que tiene un vaquita rechoncha a un lado de la entrada. Yo intenté seguirla, pero ella nunca se movió.

De pronto Cerati me contaba que había visto a Lucy con un vestido liviano, Cerati contaba hasta diez, hasta once, hasta doce, hasta trece, y paró de contar… Estación Altamira… Caracas.