domingo, 21 de diciembre de 2014

Querido Niño Jesús,

                Desde hace tiempo que no te escribo una carta. La última fue hace muchos años, en la que te pedía que me ayudaras a tener valentía para hacer las cosas que no había hecho hasta la fecha. Entre esas escribir. Gracias por leer aquella misiva.

            Muchas cosas han pasado desde entonces. Me cambié de trabajo y aunque me costó adaptarme, ahora me va muy bien. Mis amigos se fueron del país y están tan lejos, que ni en whatsapp coincidimos con regularidad. Cosas del horario. En los asuntos del amor las cosas también cambiaron. Sí, terminamos y desde ese día nadie ha vuelto a ponerme el corazón en su sitio. Tal parece que el espacio donde va, todavía está vacío. Conocí Nueva York. Y si hay algún lugar parecido al de los sueños, ese debe ser el Central Park a las cinco de la tarde, de cualquier día de abril. Ya no me gustan tanto los viernes. Ahora prefiero los jueves porque encontré el momento para ser feliz, en un lugar donde la palabra une a un grupo extraordinario del que, gracias a ti, formo parte. Como ves, mi vida ha cambiado desde que te escribí. Yo he cambiado mucho también, pero a pesar de eso hay algo que, aunque todos los años creo que pierdo, sigue estando ahí… Y es mi amor por la Navidad.

            Cuando llega noviembre y empiezo a ver los pinos sobre los techos de los carros y las luces iluminando las ventanas o cuando escucho las gaitas en las panaderías y siento el olor a las hojas de las hallacas, siempre pienso “hay que montar la Navidad en la casa, qué flojera”. Me voy haciendo la loca y dejo pasar los días a ver si este año consigo ser la cínica que se niega a montar el arbolito y a armar el nacimiento. Pero cuando mi hermana me dice “marica de este fin de semana no pasa”, viéndome con esos ojos verdes cristalinos, es cuando recuerdo que me fascina la Navidad y que hay una razón para quererla tanto.

            La historia de mi familia es complicada. Mientras mi abuelo materno colmaba de besos y de abrazos a sus hijas, los veinticuatros de diciembre; mi abuelo paterno abandonaba a sus pequeños, dejándolos con una madre oscura y egoísta, que se encerraba a llorar, hasta que se terminaba el mes y su bígamo esposo volvía como si nada, a una casa donde se fingían las bienvenidas y las alegrías. Mi papá tuvo que crecer con eso.

            Afortunadamente al casarse con mi mamá, se dio cuenta de que la Navidad podía ser bella y cuando nacimos sus dos hijas enloqueció. Cada año compraba más adornos, más regalos, más luces. Buscaba las recetas más complicadas de lomo de cerdo. Y soñaba con preparar un puré de castañas, sin tener idea de dónde se compraban, cómo se pelaban y a qué sabían. Nos obligaba a bajar al maletero a buscar las cajas desde octubre y nos invitaba a escribirte las cartas con mucha anticipación, para que pudieras encontrar lo que habíamos pedido.

            Con mi papá todo era muy bonito, hasta que una noche gris de agosto de 1998 decidió irse. Ese año no salieron las cajas, no se encendieron las luces y no se vio ni un adorno. Y aunque nos fuimos a Mérida, fue muy extraño no decorar la casa aquí en Caracas. Entonces mi mamá, mi hermana y yo hicimos un pacto: poner la Navidad todos los años, para recordar siempre que nosotras venimos de esa parte hermosa de la familia. Para recordar que mi abuelo Olinto nos hizo de aguinaldos, de coronas de adviento, de pesebres iluminados y de árboles llenos de verde, rojo y dorado. Para recordar que la casa se decora brindando, cantando “El Poncho Andino” y para recordar que tengo la razón más valiosa para querer tanto mi Navidad.

Gracias por haberme puesto en los lugares indicados y gracias por haberme ayudado a darme cuenta de eso.


             Feliz Navidad Niñito. En ti pongo mi 2015.  

lunes, 25 de agosto de 2014

Cuarto Ensayo (Módulo: La Venta)


Arte y Venta. Dos palabras que van muy bien juntas

Para Platón, el mundo de las ideas es ese lugar en el que habitan las cosas como realmente son, sin tener forma, ni materia. Esto sugiere un universo invisible; supongo que lleno de aire y nubes, donde no hay nada, pero donde está todo. A lo mejor es un gran vacío de constantes presencias. O un universo que debe quedar muy muy lejos.

Esa debe ser la razón por la que amamos este trabajo. Constantemente estamos viajando a ese lugar, sin movernos de nuestros puestos de trabajo, para traernos un pedazo de “aire”, que podamos convertir en forma y materia ¡Vaya reto!

¿Cómo hacemos que las ideas se conviertan en un negocio? ¿Cómo intercambiamos ese “aire” por dinero? Estar en el negocio de las ideas supone, entonces, un gran riesgo, porque estamos ofreciendo algo que no se puede ver, a cambio de su valor en metálico. Conclusión: la expedición al mundo de las ideas no es nada sin “El Arte de la Venta”.

Si empezamos desde los rasgos más generales, hay cierta cantidad de aspectos que debemos tomar en cuenta para hacer una buena venta. Aspectos teóricos que, sin duda, son los pilares del “aire”. O mejor dicho, son los que traen el “aire” a la tierra. Una buena presentación, el manejo de la escena y de la audiencia, el pensamiento estratégico, son las herramientas fundamentales para lograr un venta exitosa. Pero no es suficiente.

El placer estético que nos brinda el arte viene dado, en mi opinión, por esas sensaciones que no podemos poner en palabras. Muchas veces nos enfrentamos a una obra y sin saber exactamente por qué, nos enamora. Es arte.

Ya para entrar en los rasgos particulares y específicos, para mí “El Arte de la Venta” necesita de sus herramientas (claro que sí), pero es mucho más que eso. Es amar la idea realizada, es contarla como si la estuviéramos viviendo, es entender que, para que una persona o un grupo de personas crean en el “aire”, éste debe ser nuestro credo primero. Provocar sensaciones que no puedan ser descritas. Es estar convencidos de que lo que nos trajimos de ese mundo invisible y lejano ES.

A todos se nos erizó la piel cuando Don Draper hizo aquella presentación del carrusel de Kodak en el capítulo de Mad Men titulado “The Wheel”. La estrategia era sólida, la presentación era impecable, el manejo de la audiencia ni se diga (es Don Draper), pero lo que la hizo particularmente especial, fue el “Arte” que tuvo la venta. Un discurso muy humano, cargado de emociones. Aspectos de su vida que lo conmovían profundamente. Un convencimiento absoluto de su credo.


Ese, para mí, es “El Arte de la Venta”.

miércoles, 16 de abril de 2014

Tercer Ensayo (Módulo: Pensamiento Creativo)



La Creatividad: El País De Nunca Jamás

No tengo demasiados años trabajando en publicidad, pero si algo he aprendido en estos 7, casi 8 años, es que la creatividad no se enseña.

Cuando salí de la Universidad Católica Andrés Bello con mi título de Licenciada en Letras, me di cuenta de que no sabía hacer demasiado. Sabía leer de a dos libros al día, sabía todas las reglas de acentuación y sabía poner signos de puntuación con los ojos cerrados; pero no sabía cómo hacer de eso un oficio, una ocupación.

Mi llegada a la publicidad fue casi de suerte y no es materia para este ensayo, pero lo cierto es que no sabía nada. No sabía lo que era un brief, ni una mención, ni un rompetráfico. Mucho menos sabía lo que era una estrategia, ni un concepto. Pero poco a poco fui aprendiendo. Con buenos mentores y con buena disposición se puede aprender de todo, pero si hay algo que nadie puede enseñar es a ser creativo.

Hace tiempo leí por ahí que los creativos nos negamos a crecer y cualquier persona que no tenga el privilegio de trabajar en el negocio de las ideas, nunca entenderá de qué se trata eso. Y es que ser creativo y negarse a crecer no tiene que ver con ser irresponsables y despeinados. No tiene que ver con tatuajes, ni cigarros, ni botellas de Jack Daniel’s. Y aunque todo eso nos ha definido por muchísimos años, para nosotros no crecer significa ver el mundo con otros ojos. Ser sensibles ante las cosas. Dejarnos sorprender por el mundo. Porque todo eso que está ahí afuera nos funciona y tenemos que estar demasiado despiertos para verlo. Porque en un segundo puede pasar algo que nos detone el insight perfecto.

Ser creativo no es fácil y pensar creativamente representa un reto muy grande, porque es trabajar con algo tan intangible como la imaginación.

Y si es cierto que la creatividad no se puede enseñar, algo que sí entendí es que la imaginación se puede alimentar. ¡Aleluya! Para eso está el cine: el bueno, el malo, el taquillero, el independiente, el hollywoodense, el escandinavo. Para eso están los libros: los clásicos, los best sellers, los infantiles, los europeos, los latinoamericanos. La televisión: la de los realities, la de las series de drama y de comedia, la de las recetas, los documentales y la de las noticias (aunque hayan muchas que nos derrumben). Para eso están los museos: con artistas contemporáneos para los conceptuales y los artistas clásicos para los puristas. Para eso existe la música (mi eterna compañera): el rock, el bolero, el tango, la clásica, el pop, la electrónica. Para eso existe Internet: Facebook, Twitter, Pinterest, Google. Esa es mi enciclopedia de la creatividad, mi País Del Nunca Jamás. Ventanas que me muestran visiones distintas del mundo y gracias al momento histórico que me tocó vivir, ahí están, siempre disponibles, siempre generosas.

Ojalá la creatividad se pudiera aprender como una materia. Pero si no se puede, pues vayamos con los ojos abiertos a buscarla allá afuera con inocencia, con curiosidad, con humildad y con sensibilidad… Como Peter Pan.

martes, 15 de abril de 2014

Segundo Ensayo (Módulo: Relaciones Interpersonales)


John Donne sabe lo que dice

“… any man's death diminishes me,
because I am involved in mankind”
John Donne

Tanto el título como la cita hacen referencia al poeta inglés John Donne quien, en su poema No man is an island, explica bellamente lo importante que es la relación que tenemos con todo lo que nos rodea, en especial con las personas. “I am involved in mankind” (estoy involucrado en la humanidad) es una de las frases que más me ha conmovido de este poema, porque pone a un ser humano único, en medio de un grupo inmenso de personas… Así es el mundo, así es la familia, así es el trabajo.

Me refiero específicamente al trabajo, porque es el lugar donde pasamos la mayor parte del tiempo. Específicamente a nuestro trabajo, porque no para, no descansa nunca. Y específicamente a las personas involucradas en nuestro trabajo, porque cada uno, de una forma u otra, complementa lo que hacemos. Eso me ha llevado a entender que las relaciones interpersonales, o mejor dicho, las buenas relaciones interpersonales, hacen que el día a día sea más agradable, pero sobretodo he aprendido que es la mejor manera de negociar.

Claro que hay mucho de la personalidad de cada quien y de la disposición que tenga cada uno sobre este tema (y sobre muchos otros, que tengan que ver con el trabajo), pero al ver a mis compañeros como amigos, y al ser percibida igual por todos ellos, me ha permitido conseguir un espacio de negociación, en donde ambas partes, muchas veces, hemos llegado a sentir que esa confianza inquebrantable en lo personal, puede (y debe) ser aplicada también en el trabajo. Pero eso es solo de la puerta hacia adentro.

El tiempo me ha demostrado que la buena relación con los clientes también debería existir (más allá de lo obvio) porque todos, en distintas maneras y niveles, hemos sido y somos clientes de la panadería, del restaurante, de la tienda de ropa, de la costurera, de la aerolínea, del odontólogo; lo que en teoría nos debería permitir entender, en cierta medida, lo que significa invertir para obtener soluciones a cambio. Pero sobretodo, porque vender una idea es de las cosas más difíciles de hacer, entendiendo que con cada presentación, le estamos pidiendo a un grupo de personas que crean en algo nuevo, en algo en lo que creemos nosotros; y que además paguen por eso. Lo que me hace pensar que, cualquier actividad evangelizadora, necesita por detrás un poder de convencimiento, que jamás vendrá acompañado de malas relaciones, ni de malos intercambios.

Se puede decir, entonces, que las buenas relaciones interpersonales son una decisión que podemos tomar, o no, cada  uno de nosotros. Pero aceptando de antemano que teniéndolas, vamos a conseguir de una manera más fácil, más agradable, más bonita, lo que estamos buscando.


Sí, suena maquiavélico y tal vez lo sea. Suena a estrategia y definitivamente lo es… Pero hasta ahora me ha funcionado y he conseguido una gran cantidad de amigos que, además son también, compañeros de trabajo.

lunes, 14 de abril de 2014

Primer Ensayo (Módulo: Fuentes de Inspiración)


Yo maté a mi musa

O si algún día llega el fin del mundo, me gustaría que me sorprendiera escribiendo.

Muchas cosas se han dicho acerca de la inspiración. Suena a algo común, a algo conocido. Un concepto de dominio público. Pero la verdad es que la inspiración es en esencia, abstracta y por lo tanto, casi indefinible.

Muchas técnicas han usado los más ilustres escritores, artistas, músicos para inspirarse, pero jamás se han detenido a encontrarle significados a la palabra, porque la verdad es que no hace falta. La inspiración, se siente cuando se tiene. No es fácil alcanzarla y es escurridiza. Y aunque no podamos verla, sabemos que está ahí rondándonos, burlándose de nosotros, aprovechándose de todas las distracciones que, como diablitos, se van apoderando de nuestra concentración dejándonos, una vez más, sin nada.

La inspiración entonces, es una posición muy cómoda, es el sillón donde se sienta Homero Simpson a ver televisión durante horas y eso me ha hecho dejar de creer en ella.

Durante mucho tiempo confiaba plenamente en mi musa. Esa dama sutil, que (creía yo) venía a susurrarme al oído mejores entradas para publicar en mi blog, mejores ideas y por supuesto, el copy ganador. Hasta que un día dejé de escucharla y sentí que me había abandonado, dejándome huérfana de palabras.

Fue una época oscura, terrible, sola. Pero un día volvió y como en los viejos tiempos, me dijo todo lo necesario para sentirme como lo hacía cuando me acompañaba. Y justo cuando estábamos en el mejor momento, tuve una revelación tan esclarecedora, que en un segundo frenético la maté sin piedad. Sí, yo maté a mi musa. O a lo que ella representa para el común: una fuerza, que así como viene a darte lo mejor de ella y a sacar lo mejor de ti, se va dejándote siendo el mismo mortal que has sido siempre y eso no me gusta. No me gustan frases como “cuando llegue la musa” o “no estoy inspirado”.

Esta revelación me hizo darme cuenta de que la inspiración no es el momento en que explotan las mejores ideas, ni tampoco la energía que nos hace hacer mejor las cosas (sean cuales ellas sean). Con esta revelación me di cuenta de que la inspiración es el momento en que nos obligamos a trabajar. Es el momento en que acabamos con todas las distracciones y nos enfrentamos a los miedos. Es el momento de las frustraciones. Es ese precipicio infeliz, en el que no sale nada.

Y aunque haber dejado de creer en la inspiración desde ese punto de vista, es una postura oscura, la elijo, porque me deja tener el control. Si no escribí nada, si no se me ocurrió nada, fue porque no indagué lo suficiente en el mundo que está allá afuera; ni aquí, dentro de mi, en ese lugar donde está todo escondido.


Me declaro culpable de haber matado a mi musa y asumo la responsabilidad de los cargos que se presenten en mi contra. Así lo prefiero.

Ensayos


Todos aquellos que me conocen, saben que desde que me gradué como Licenciada en Letras, empecé a trabajar en publicidad como Redactora Creativa .

Los últimos cuatro años los he invertido en una divertida e interesante trayectoria en ARS DDB, donde tuve la oportunidad de formar parte en la 4ta promoción de La Cantera (click y sabrán de qué se trata el asunto). Aún no hemos terminado, pero las clases están divididas en cuatro módulos que culminan entregando un ensayo... Esta es la breve antesala a esos trabajos.

Todavía falta uno que no he empezado, pronto lo estaré publicando.

jueves, 27 de febrero de 2014

Carta sin destino a mi hermano militar

Es imposible hacerse la sorda y mucho menos la muda con todo lo que ha sucedido estos días en mi Venezuela.

La desinformación es una de las sensaciones más desesperantes. No saber qué es lo que está pasando, justo en el momento de los acontecimientos me pone ansiosa. Triste.

En aquella época dorada de Globovisión, iba Carla Angola en una moto, mostrándome la realidad, y los corresponsales del interior del país estaban frente a las cámaras esperando el pase, para decirme qué estaba ocurriendo en aquellos pedazos de esta tierra, que aunque lejos, también son míos.

Pero muy a pesar de la ausencia de medios que me mantengan informada, las redes sociales y los celulares inteligentes me han ayudado a entender mejor las cosas, aunque me toque batallar con fuentes falsas y noticias viejas.

Y gracias a todos esos valientes que andan de manifestación en manifestación, registrando los acontecimientos, es que he podido ver desde las escenas más desgarradoras, a las más conmovedoras.

Ya son incontables las fotos y los videos que he visto y no deja de sorprenderme lo que ha hecho la GNB con mis hermanos venezolanos. Yo sé que no es nada nuevo lo que estoy diciendo. Pero hace unos minutos, viendo Twitter y Youtube, me puse a pensar en la persona dentro del uniforme. Y es precisamente a esa persona, a la que van dirigidas estas palabras.

Hermano militar,

Te pido disculpas por verte como un invisible, por creer que no eres más que un par de botas y un FAL. Una persona sin rostro, sin nombre.

Tú también tienes familia. Una madre que seguro te hace una arepa, cada vez que vas a casa a visitarla. Tú también fuiste niño. Tú también te debes haber enamorado. A ti también te debe gustar ver las olas del mar. O ver a tu equipo de béisbol ganar un juego. Tú también tienes terminaciones nerviosas por todo el cuerpo y el umbral del dolor. Tú también debes tener un corazón que hace sístole y diástole. Tú también debes tener un corazón que siente alegría y dolor.

Y me gustaría pensar que cada vez que haces sufrir al pueblo que juraste proteger, sientes un dolor muy profundo detrás de ese silencio. Me gustaría pensar que estás obligado a hacerlo por razones que desconozco y que algún día tendrás la bondad de explicarme. Me gustaría saber en qué piensas cada vez que arrodillas a tu hermano venezolano, cada vez que lo haces sangrar y llorar. Me gustaría saber qué pasa por tu cabeza cuando sometes al hijo de una madre que con paciencia espera verlo entrar por la puerta sin un rasguño.

No te puedo pedir que te detengas, porque no vas a escucharme. No te puedo pedir que retrocedas, porque sé que avanzas sin rumbo, pero siempre hacia adelante.

No sé qué más decirte que no te hayan suplicado los estudiantes. Oye sus lágrimas.

Vuelve a ser hijo, hermano, ser humano. Vuelve a ser venezolano.

lunes, 10 de junio de 2013

Horror!!!

Se dañó mi contador del blog!!!!!

(Qué significará eso?)

miércoles, 29 de mayo de 2013

Día 1

Solo existe una forma de que me levante feliz a las 3:00 a.m. Para aquellas personas que me conocen de verdad no es un secreto mi defecto más feo y complicado: ODIO levantarme temprano en la mañana; y para eso hay un remedio, uno solo, el único. No se compra en farmacias sino en una agencia de viajes. Sí, lo acepto, solo soy capaz de levantarme feliz cuando hay un avión de por medio y sellos en el pasaporte. Es más, creo que hablar de “levantarme” es solo un eufemismo, para decir realmente que me acosté en el sofá de la sala a esperar a que sonara el despertador, agarrar mi maleta y subirme al taxi, rumbo al Aeropuerto Internacional de Maiquetía camino a New York.

Uno de los beneficios de salir tan temprano es sin duda que no hay nada de tráfico, la autopista está tan libre que da hasta miedito. Parece que el fin del mundo llegó y somos los únicos sobrevivientes. En fin, a las 4:30 a.m. ya estábamos en la cola de American Airlines para chequearnos y entrar, para “entretenernos en el duty free”. Primera y única decepción del viaje: la escasez es tan brutal en nuestro país, que hasta el duty free está desabastecido. Suerte para mí, no estaba interesada en comprar nada ahí, así que continuemos.

Nuestro vuelo era a las 10:15 a.m. (sí, ya sé que somos unas exageradas, pero para esperar en la casa viendo al techo, preferimos estar ya de frente a la pista de aterrizaje) así que optamos por las mejores opciones en casos como estos: dormir y comer. Y valió la pena, porque el tiempo pasó volando (hablando de aviones y aeropuertos, já) Luego de los golfeados Don Goyo, un paseíto ida y vuelta de aquí para allá y de allá para acá y de comprar un par de revistas que no leí por dormir de a raticos, abordamos el boeing que nos llevaría a la gran manzana.

El vuelo no estuvo bien, afortunadamente yo soy de las que piensa que si el avión se va a caer, pues que se caiga de una vez y ya. Y mucho menos cuando empezó Life of Pi. No quisiera caer en malas interpretaciones. Esa peli es hermosa. La vi en 3D y aluciné; pero seamos sinceros, no es el tipo de películas que uno quiere ver (spoiler alert) volando a no sé qué tantos pies del océano. Pero como yo soy, como soy, pues me puse a verla (por segunda vez) qué más.

La comida en el avión fue tan comida de avión, como puede ser cualquiera. Es como jugar a la cocinita con ollitas Fisher Price y un poco de tierra y grama, pero de verdad. Nada que me sorprendiera. Si quieren saber, fue pollo con arroz y ensalada. Sí, parece más la lonchera de la oficina, que cualquier otra cosa (pero de juguete)

Finalmente el capitán nos informa que estamos a punto de aterrizar. Me asomé por la venta para descubrir que la neblina no dejaba ver absolutamente nada, hasta que de la nada, el tren de aterrizaje golpeó la pista y pude ver junto a nosotros un avión de Virgin, estacionado justo al lado. “Estoy en New York” pensé y se me salieron las lágrimas.

Nos bajamos del avión, hicimos la inmensa cola de inmigración y cuando por fin fue nuestro turno, el funcionario (odio esa palabra) que nos estaba sellando el pasaporte se llevó a mi hermana para “el cuartico” ¡Horror! No sé si fue el porte de musulmana que tiene a veces, pero se la llevó con su carita de pánico inocente, sus verdes ojos manchados de lágrimas y sus ganas de salir corriendo a ver la Estatua de la Libertad. Algo la delató, la hizo sospechosa y todavía no puedo descifrar qué fue. Millones de pensamientos se cruzaron por mi cabeza mientras esperaba a que saliera, es sorprendente cómo el tiempo va borrando esas cosas, porque no puedo recordar ninguno en específico; lo que sí recuerdo era la sensación que me producía ver salir personas y que ninguna de esas era ella. Probablemente pasaron 10 minutos, que para mi fueron 10.000 horas, hasta que por fin la vi. Esta vez sí era ella, mostrándome sus dientes blancos, con una amplia sonrisa, diciéndome “ya pasó, vamos que el Empire State nos espera”.

Al salir del JFK nos golpeó una realidad que desconocíamos: hay ciertas temperaturas a las que personas del trópico (que aman el frío) no están acostumbradas. Primera conclusión “este suéter no es suficiente”. Nos subimos al taxi y el viaje realmente empezó.

Una de las mejores cosas de que el aeropuerto quede tan lejos de Manhattan, es que puedes ver la ciudad como la conoces: la típica foto de afiche, o el plano famoso de las películas. La única diferencia es que, desde el taxi todo es real, y con cada minuto, la ciudad se va haciendo más grande y más próxima. Qué deliciosa sensación esa, cuando se pueden tocar los sueños.

El taxi nos llevó hasta nuestro lugar de destino, un apartamentico lindísimo en la calle 34, con Madison. Subimos los dos pisos para conocerlo, dejamos las maletas y salimos corriendo a recorrer, sin rumbo alguno, lo que fuera apareciendo.

Habían cosas que ya sabíamos, como que estábamos muy cerca del Empire State, o como que estábamos a una cuadra de la 5ta Av., pero de todas formas nos impresionaba todo, lógicamente. Hasta que de repente nos dimos cuenta de que eran como las 8:00 p.m. y no habíamos comido nada (el pollo de plástico no cuenta), así que empezamos a buscar lo que encontráramos, y no apareció nada mejor que una pizzería muy famosa que queda a una calle bajando por el mismo Empire State, el cual nos agarró con la guardia baja, porque no estábamos esperando verlo tan pronto, con esa altura iluminada e imponente, y coronado por una neblina suave, que atenuaba la luz brillante de su puntiaguda cúspide.

Pizza y New York, son dos cosas que siempre irán bien juntas. Los slices como los de Sex & The City, en un lugar que estoy segura, aparece en uno (o varios) de los capítulos de la serie. No es el lugar más bello al que entré, pero creo que es mi favorito. Las pizzas son deliciosas, quedan en uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad y es visitado por egipcios sexys, que no tienen ningún tipo de delicadeza para pedirle matrimonio a una venezolana, recién bajada del avión. Sí, un egipcio hermoso de 26 años me ofreció matrimonio y yo, nerviosa e incrédula, no acepté. Qué novata.

De regreso a la casa, nos encontramos con el primer Starbucks, el cual fue muy conveniente, porque el frío ya estaba inundando hasta lo más profundo de nuestros huesos y de ahí, paramos en el 7 Eleven que quedaba en la esquina de la 34 con Madison, para comprar unas respectivas Stellas Artois. Había que celebrar la llegada triunfal de tres venezolanas, a Manhattan.

sábado, 25 de mayo de 2013

#treintaconveintidos

Con un par de vodkas en el coco y ya con 30 recién cumplidos hace casi dos horas, me atrevo a decir que no me arrepiento de nada, aunque sé que podría arrepentirme de mucho. Me atrevo a celebrar por los 30 vividos a pesar de tantas y tantas cosas. Y me atrevo a afirmar que esos 30, que a muchos le pesan, para mí siguen siendo 22... Hasta hoy sigo amando todas las películas, aunque la mayoría sean malas, sigo pintándome las uñas de azul, de verde y de amarillo, sigo poniendo MTV como el primer canal antes de hacer zapping, sigo despertándome alegre los viernes, porque llegó el día de salir (y no porque llegó el fin de semana) y sigo pensando que la palabra "descansar" es para los viejos... Y la palabra "viejo" no existe en mi diccionario.

Jamás pensé que hoy estaría contenta, pero sorprendentemente lo estoy.




Y es así como yo misma me doy la bienvenida a los 30.


sábado, 11 de mayo de 2013

Ya en Caracas


Han pasado varios días ya desde nuestro regreso de Nueva York. El vuelo salía desde el aeropuerto de La Guardia, y el taxi estaría esperando abajo del sencillo pero muy bien ubicado apartamento que alquilamos en la calle 34 con Madison, a las 7:00 a.m.

Esa mañana descubrí que mi sistema y mi reloj biológico estaban listos para quedarse, olvidando que no soy norteamericana y que mi visa es irremediablemente de turista, porque a pesar de haber puesto meticulosamente la alarma, que todos los días me había levantado para salir a pasear por las calles de Manhattan, esa mañana me había traicionado, obligándonos a regresar a Caracas sin bañarnos… Y qué mejor manera de ponernos en Venezuela mood, que volver con esa sensación de almohada que se tiene cuando ¡sorpresa! HIDROCAPITAL corta el agua sin avisar.

En fin, han pasado varios días ya, así como han pasado meses (quizás años) desde que no escribo nada para este blog.

Estando allá, creía que llegaría inmediatamente a escribir, pero no. La nostalgia y el estado de shock al volver a un país tan arruinado y tan distinto al que dejé (tomando en cuenta que estuve fuera solamente 12 días) me lo impidió, creo.

Pero hoy, la necesidad volvió (¡bravo!)… Era lógico. Después de ver, en un día, 17 películas, todas filmadas en Nueva York, las cuales obviamente ya había visto. Y Phantom of the Opera, la cual considero únicamente porque fue el play que vimos en Broadway, la cual está muy lejos de hacerle justicia y la cual estoy segura que veré miles de veces buscando, sin éxito, imaginarme que estoy a unos pocos metros de los actores del Majestic Theatre.

Este primer post de Nueva York, se lo voy a dedicar a mi amiga Rairú (quien vive en Australia) y quien fue la primera persona que me pidió que escribiera sobre Nueva York. Así que Rai, aquí está el primero, de lo que supongo serán varios episodios de mi paso por lo que se convirtió en uno de los amores más grandes de mi vida… Claro, obviamente me iba a enamorar.

Han pasado varios días ya, pero no te preocupes porque fui precavida: me llevé un cuadernito donde listé uno a uno los lugares que visité, la comida que pedí, las cositas que CADIVI me dejó comprar y todo lo que valiera la pena recordar (o sea todo) anticipando que las ganas de escribir aparecerían. Lo que significa que, habrán doce días con todas sus horas, para contarte.

Hace poco tuve una linda conversación con alguien que ha ido a Nueva York varias veces y me dijo algo que me gustó mucho. Me dijo: “hay un Nueva York para cada quien y mi Nueva York, no es el mismo que el tuyo” y estoy segura de que tiene razón. Es increíble que un lugar tenga tantas personalidades como personas en el mundo, pero es así.

No sé si a ti también te pasó cuando volviste a casa, pero he tenido que responder varias veces a esta pregunta “¿Qué fue lo que más te gustó?” y para no tener que responder con un genérico “todo”, digo cosas diferentes para no ser injusta con nada. A veces digo el Central Park, a veces el Met, a veces la calle 34, a veces el Village (repartiéndolo entre el East, el West y Greenwich), a veces Soho, a veces el Meat Packing District, Grand Central Station, Brooklyn, Times Square y así. Cuando la verdad es que es imposible decidir. Si Nueva York tiene trastornos de personalidad, parece que yo también.

En Nueva York descubrí un montón de cosas, como era de esperarse; pero sobretodo me hizo darme cuenta de que para mí es imposible escribir si no hay algo que me mueva a hacerlo. Y no estoy hablando de inspiración, ni de las burlonas musas en las que ya no creo. Estoy hablando de experiencias vividas, estoy hablando de algo que no sea una aburrida conversación de trabajo con colegas, ni de hombres con amigas, ni de la difícil situación del país de la cual es imposible escapar. Estoy hablando de vivir una vida que valga la pena contar (por lo menos para mí). Una vida con cuadras para caminar, con lugares para visitar. Lo que me lleva a concluir que para escribir tengo que pasear más, probar cosas nuevas y ahorrar para viajar el año que viene.

Rai hay muchas cosas que contar y lo haré a su debido tiempo. Gracias por hacerme prometer que escribiría, porque no me gusta faltar a mi palabra y gracias por creer que todavía puedo hacerlo, cuando la verdad es que a mí siempre me queda la duda.

martes, 18 de octubre de 2011

De vuelta a casa

Hoy, hace un año exactamente, hice lo que hace mucha gente. Agarré lo poquito que tenía, lo metí en una maleta, me fui y lo dejé todo aquí… tirado. Por eso es que las cosas salen mal. Se supone que uno se va con un plan y yo no hice ninguno, salí huyendo como una loca y ahora me toca volver, con las tablas en la cabeza.

La idea inicial siempre fue encontrar algo nuevo, algo diferente. El error estuvo, en que nunca supe qué. Busqué en todos lados y me pasó, como era de esperarse, lo que siempre pasa (no conseguí nada). Y la verdad es que no me fui queriendo, pero me fui igual porque pensé que así era mejor.

Hace tiempo ya, descubrí que los lugares no son espacios para ubicar en un mapa. Hay lugares que son personas, hay lugares que son recuerdos y hay lugares, como éste, en donde es necesario quedarse. Me costó horrores despedirme porque nunca lo hice, me daba miedo volver porque sentía que no sería lo mismo y me llené de vacío para tratar de olvidar que aquí estaba, que aquí siempre estuvo y que no me juzga, no me mira feo, no me odia. Aquí lo dejé… tirado y aún así, me esperó y no cambió ni un poquito.

Volví para quedarme. No me gustan las promesas, porque no me gusta no cumplirlas, pero igual te prometo pelear primero antes de abandonarte, voy a decirte todo así no nos guste (ni a ti, ni a mi), y prometo también, que no me voy a ir callada. Y no lo voy a hacer, porque este es mi lugar, mi sitio favorito en todo el mundo, porque me hace feliz a pesar de todos los silencios y porque es mío.

Volví a mi casa. Mi blog es mi casa.

lunes, 18 de octubre de 2010

Intentando romper la maldición de mi Blog

Hace un par de días, semanas quizás, escuchaba hablar de la inspiración y me puse a pensar en ella. ¿Qué será lo que nos inspira?.

La pregunta suena sencilla, pero de verdad, ¿cuáles son las razones que nos llevan a hacer lindas cosas, cosas que nos llenen el tiempo de ocupaciones felices y de pequeños legados?. Hace unos meses podía enumerar un par de rituales infalibles, pero ya tengo desde julio que no escribo, así que supongo que la cosa no es tan constante.

Ya van varios días buscando algo de donde agarrarme para escribir lo que sea y aunque aquí estoy golpeando las teclas, me está costando un mundo encontrar las palabras justas.

La inspiración… ¿Una palabra o un nombre propio?... Un segundo lleno de tantas cosas, una buena canción en el momento indicado, un lugar… Tal vez millones y millones de cosas ya vistas o que me faltan por ver, por conocer.

¿Será eso? ¿será que debemos ser cultos, cultos, muy cultos para que la inspiración nos toque?, ¿será que no debemos buscarla, sino estudiar para ser encontrados algún día?, ¿será que debemos ser “Los Elegidos” como Luke Skywalker, como Harry Potter, como Frodo, para ser encontrados?, ¿será que las musas eran sólo para la antigüedad y a nosotros nos toca mendigar inspiración?, ¿será por eso que ya no hay arte como el de antes y por eso todo es más de lo mismo?... Para mí es como un círculo vicioso. Algo que empieza mal y que no termina… Me lleva siempre al mismo lugar (o a ninguno).

Ya no aguanto mis dedos mudos y me mente en negro (y no en blanco) ahuyentando a la inspiración. No soporto la falta de colores, de canciones, de un lugar cerca de aquí y lejos de todo. Ya nada me parece importante, nada me impresiona, nada es nuevo ni emocionante. Dejé de gozar barato. Antes lo hacía, escribía sobre eso y todo muy bien. Ahora no hay nada. Lo que tenía me lo gasté en tonterías y no ahorré.

Es un problema llevar un blog. ¡Es una locura!. Si existiera un documento como el divorcio para dejar el blog, me divorciaría, lo haría sin pensar y luego me tomaría unos cócteles en nombre de lo que pudo ser y no fue, pero no puedo, sé que está ahí, igual que ayer, igual que hace meses… En el abandono absoluto.

jueves, 12 de agosto de 2010

Wow

No escribo desde julio.

Qué chimbo!
:(

martes, 13 de julio de 2010

Mandamiento #8 para sacarme de quicio

La gente metiche!!!!!

Si no tienes nada bonito que decir, mejor cierra la bocota... Créeme, es muchísimo más fácil.

lunes, 28 de junio de 2010

Los Más mejores humanos

Seeeeeeh, ya sé que frases como “más peor” y “más mejor” están mal, que no se dicen. También sé que la Real Academia debería tener una policía de la escritura que sancione este tipo de atrocidades y que mis profesores de la gran Escuela de Letras de la UCAB se sentirían defraudados si me vieran cometiendo semejante error, sin embargo yo tengo una explicación para este extraño lujo y quisiera compartirlo.

En este mundo hay muchas muchas cosas, entre esas agencias de publicidad (grandes, pequeñas, bonitas, tradicionales, muy muy viejas y muy muy nuevas… agencias hay y de todo tipo) a las que dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo, cuando decidimos formar parte de este negocio.

Este post, no va dirigido a todos los tipos de agencias, tampoco a alguna agencia grande, ni siquiera a una agencia en lo que yo haya trabajado, esta vez mis letras irán dirigidas a una agencia pequeñita, a esa casita que, por fuera, no se parece en nada a una agencia, pero en la que, por dentro, se hace un trabajo increíblemente arrechísimo.

Mi intención no es hablar ni del trabajo que se hace en las agencias y tampoco de la situación del país, sino de aplaudir a una gente de oro, que a pesar de haber sido víctimas de un terrible asalto, en el que seguramente un grupito de gente mala se encargó de llevarse lo que tantas trasnochadas les costó lograr, hoy se levantaron a echarle las mismas piernas que siempre.

No me gusta sonar “autoayudesca”, me chocan esas frases como “son un ejemplo para el país y el mundo”, así que no las usaré sin comillas, ¡nunca lo haré!. Pero señores, en serio esta gente es superada. Ellos no están esperando a que les devuelvan lo que les quitaron, ni que las cosas caigan del cielo porque el cielo se las debe (aunque yo si creo que deberían de lloverles un par de compus como para reparar un pelín el daño).

Ellos, desde que inauguraron su preciosa sede, se comprometieron a dudar, y ese ha sido el secreto del trabajo tan alucinante que hacen, es por esa razón que se hacen llamar ¿Mmh?, porque se permiten preguntar y preguntarse mil veces absolutamente todo, eso dicen ellos, métanse en su página y ahí lo verán.

Yo no, yo pienso diferente. Yo pienso que Mmh es otra cosa, y por eso me doy el lujo de quitar los signos de interrogación porque para mí no es una pregunta, para mi Mmh significa Más mejores humanos, porque sin duda, son más mejores que muchos.

martes, 15 de junio de 2010

Las Letras me abandonaron

Hace unos meses salí de paseo con las Letras, organizamos un día entero juntas, así que teníamos que buscar diversiones varias para pasarla bomba.

En la mañana salimos a desayunar a un lindo lugar cerca de la casa por ahí por La Boyera. Como éramos muchas tuvimos que esperar por mesa y cuando nos sentamos todas pedimos café, jugos naturales y cosas ricas para comer. Mientras llegaba la orden, conversábamos de muchas cosas, discutíamos sobre temas interesantes, nos reíamos de nuestras tonterías de amigas locas y criticábamos a todos los mal vestidos (en verdad se lo merecían por mal vestidos). Como estuvimos ahí mucho rato entre chácharas, croissants y cigarros, se llegó el mediodía, así que pedimos la cuenta, pagamos y nos fuimos.

En el carro íbamos todas apretadas, pero cantábamos canciones para disminuir un poco la roncha. Lily Allen, sin duda, fue una de las favoritas.

El siguiente destino fue el Tolón, para hacer algunas compras. La primera parada obligada fue ZARA. Obviamente nos probamos todo y terminamos comprando una camisetica blanca para sentir la satisfacción de salir aunque sea con una bolsita. Luego pasamos por las librerías a ver qué se nos pegaba, pero al ver los precios ellas me hicieron recordar todos los libros que tenemos en la biblioteca, que todavía no hemos leído, así que seguimos nuestro camino.

El Centro Comercial estba como full, así que salimos, atravesamos la Av. Ppal. de las Mercedes y nos sentamos en la Plaza Alfredo Sadel a ver a la gente pasar y a comer raspa'os de colita. Estando ahí, lo observábamos todo con atención tratando de capturar un buen momento. Hubo un par que casi valieron la pena. Se acercaba la hora de irnos, así que buscamos el carro y nos fuimos al lugar donde somos realmente felices: El Municipio Chacao.

Dejamos el carro en el Centro Plaza y comenzó la excursión. Primero la Francisco de Miranda, luego Altamira, La Castellana y Los Palos Grandes. Luego fuimos a almorzar en un restaurancito italiano muy rico; no recuerdo el nombre, pero la entrada tiene un toldo amarillo y una puerta de madera. Al salir de allí atravesamos toda la Plaza Francia y entramos un ratico en La Estancia, para no perder la costumbre. Nos quitamos los zapatos y nos acostamos en la grama. Por un rato jugamos a encontrarle formas a las nubes; yo vi un rinoceronte con patas mecánicas, volando sobre un dirigible. Cuando el sol se empezó a esconder, decidimos irnos. Ya en el carro, todas buscamos la manera de maquillarnos y de ponernos bellísimas a pesar del apretujamiento, para ir en busca de unos merecidos cocteles, así que nos encaminamos rumbo a La Beat (como siempre) a tomar Margaritas.

Como era temprano, pudimos agarrar todas las mesas de la terraza, menos mal. Brindábamos enloquecidas, hacíamos recuentos de la jornada y de lo bien que la habíamos pasado. Ellas se burlaban de mí, decían que estaba prendida sólo porque me quedaba callada a veces y luego me reía sin razón. "Soy feliz cuando estoy con ustedes" les dije y todas me abrazaron. Luego de unas cuantas Margaritas, nos fuimos a la casa, nos lavamos la cara, nos cepillamos los dientes, nos pusimos la pijama y nos acostamos a dormir. A la mañana siguiente me despertó un antipático rayito de sol que se colaba por la cortina. Me levanté contenta y con ganas de pasear otra vez. Me bañé, me vestí y salí corriendo para invitarlas, pero ya no estaban "quizás fueron a comprar el desayuno" pensé, las esperé... y esperé... y esperé... Nada. Todo estaba en silencio. Todo estaba vacío.

Yo no podía evitar sentir miedo y a la vez un poquitico de esperanza de que en cualquier momento volverían con pan, queso, jugo de naranja para el desayuno y un lindo plan sorpresa para ese día. Nada. Realmente se habían ido. No les importó lo bien que la pasamos, lo mucho que nos divertimos y el cariño que siempre les tuve. Se fueron y me dejaron sin nada. Sin letras me quedé muda, sin nada qué decir... Sólo páginas en blanco, tristes y calladas.

viernes, 21 de mayo de 2010

Amor amarillo... y de todos los colores

Escuchando "A merced"...

Hoy me topé con el post de un blog que me rompió el corazón en mil pedazos y creo que ustedes deben leerlo también antes de continuar... Gustavo y los nuestros

Me trajo recuerdos, me trajo nostalgia y me dejó con un sabor agridulce en los labios.

José Urriola, el autor de la entrada, me hizo recordar mi primer walkman, ese que era rojo y que tenía más volumen que el de mi hermana, ese que hizo cantar a Cerati junto a Soda en los inocentes oídos de una niña de 7 añitos. Recordé el LP de Canción Animal en el piso, junto a una lata de Pirulin un miércoles por la tarde en compañía de Fer y de mi número 1. Recordé mi uniforme del colegio y el patio del recreo. Me recordé caminando por la cancha Multiusos (así se llamaba) viendo como todas las niñitas saltaban a la cuerda, jugaban al avioncito o a chicle+chicle. Todo eran tan trivial, tan efímero, pero en compañía de "Sueles dejarme solo" o "Un millón de años luz" era casi poético. Era un episodio decadente, en el que yo era la protagonista sin siquiera darme cuenta.

Recordé todos los primeros de enero en Mérida ¿cómo no recibir el año escuchándolo(s)? y todas esas madrugadas en las que yo era Cerati y esos tonos bajos imposibles de lograr, que terminaban en interminables ataques de risa (no pude jamás cantar como él). Recordé mi primer ejercicio en las clases de teatro, en la que debíamos escoger un texto y yo elegí "Bocanada" para la audición (y me aceptaron).

También recordé, como dice José, todos los chicos que demostraron cualquier tipo de interés por mí, después de haber intercambiado gustos musicales y llegar al tema de Soda y de Cerati. Así como una frase que alguien me dijo una vez y que me marcó para siempre "si existe una persona a la que no le guste Soda, seguramente será alguien en quien no puedas confiar". Recordé a mi Pequeña, esa que disfrutó el concierto "Me verás volver" tanto como yo (y conmigo), porque para el de la separación 10 años antes, nadie quiso llevar a un par de enanas al Poliedro.

Recordé mi "Colores Santos" original, que emoción fue recibir ese disco. Me lo regaló un chico que me gustaba y eso le daba más valor. Lo mandó a traer de Buenos Aires, fue un excelente regalo. Tiempo después me lo robaron y el chico desapareció... Al cabo de unos años volvieron a regalármelo, esa vez tuvo muchísimo más valor.

Recordé mi viaje a Buenos Aires (qué bien la pasamos), no sólo porque sentía que iba a ver a Cerati en cualquier esquina (y en cierto modo así fue), sino porque pude recorrer la gran Av. Alcorta, la que deja una cicatriz sin haber lastimado.

Recordé ese concierto en el Teresa Carreño, luego del examen de admisión en la UCV. Yo estaba en primera fila para el Bocanada Tour, esa entrada fue un regalo de cumpleaños y fue increíble. Mientras que esperábamos a que empezara, saqué un lápiz y un papelito en el que escribí lo siguiente: "Gustavo: he crecido contigo y me has enseñado muchas cosas. Eres mi maestro y el de muchos", me lo guardé en el bolsillo del pantalón y esperé el momento perfecto. Cerati se acercó y se lo di, él se dirigió hacia el micrófono y dijo: "me acaba de 'shegar' un fax"... Casi me muero... Lo leyó en silencio y me hizo una seña con el pulgar mientras me picaba el ojo. Sólo tenía 17... Ya pasaron 10 años más y recuerdo ese momento como si hubiera sido ayer.

Recordé todas aquellas madrugadas interminablemente divertidas de Diseño Gráfico, esa carrera que no estudié, pero como que si lo hubiera hecho, en compañía de su música. ¿Te acuerdas Fer?... Demasiada fiebre con Amor Amarillo.

Recordé aquellas noches de libros, cigarros y café... Era sorprendente ver la diferencia entre La Divina Comedia sin él y La Divina Comedia acompañada de él... Rara la combinación, pero funcionaba. Años hippies aquellos, de inciensos y adolescencia llegando a su fin.

Son tantos recuerdos en los que siempre estuvo él. Sus letras, que se reinventan solas, conforme pasan los años. Sus solos de guitarra indescifrables y perfectos. Su linda nariz. Su historia. La mía. La nuestra... La que construimos por separado y esa que nos une.

Me despertaste al mundo... Me enseñaste el amor en todos sus tonos, desde el amarillo más brillante hasta el negro más oscuro, y todavía sigo descubriéndole (o descubriéndote) matices.

Levántate... La vida sin tus colores ya no sería la misma.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Me tiene preocupada

La salud de nuestro gran Cerati.

Espero se recupere prontito.

Creo que vi a Lucy

Después de tanto tiempo sin escribir y de tratar por todos los medios de hacerlo sin ningún tipo de éxito, llegó el día más esperado del año: 15 de mayo de 2010.


Si Lucy es un personaje, un ser con diamantes en el cielo y ojos como caleidoscopios…

Si es una musa de esas que constantemente desafía la gravedad y desaparece sin que nadie pueda detenerla… creo que la vi el sábado pasado.


El lugar se prestaba para la ocasión. Una montaña muy muy alta, muy muy verde, muy muy fría. Una neblina densa y blanca y mariposas por todos lados. La noche estaba oscura y a ratos llovía… a veces mucho, otras no tanto. Las luces hacían líneas en el aire, dibujando brillos en las nubes. Se respiraba un aire limpio y el espacio era muy amplio.


Mis sentidos estaban atentos. Mis oídos expectantes, mis ojos atentos y un poco ciegos de no ver nada. Sólo esperar con paciencia y de la nada ahí estaba el sonido de sus seis cuerdas… impecables.


Todo era tan perfecto que me daba angustia recordar que no puedo formar parte de algo tan puro y que aunque trate de comprender por todos los medios, casi sufriendo de ignorancia, nunca voy a entender el pentagrama. Admirable y dulcemente doloroso. Como siempre me han gustado las cosas. Yo estaba feliz y sin embargo lloraba.

Explosiones de luciérnagas, destellos por todos lados y una chispa me encendió. Yo estaba sostenida en el segundo perfecto y justo ahí, sin moverme, recibía sin remedio todas las imágenes que venían a mi mente.


Al día siguiente me desperté queriendo recordarlo todo, de poner sobre un papel cómo es que había visto a Lucy y cómo ella me había mostrado el camino hacia la luz, pero me quede en stand-by. Cuando quise incorporarme, ya todo se había ido.


Me parece que vi a Lucy. Todavía no sé si fue una ilusión.